Periodismo

Un mes de vacío

Comentario del 19 de mayo de 2014, lunes, en Radio Marca Tenerife.

Cuatro derrotas consecutivas, las cosechadas por el Tenerife en este último y nefasto mes, no pueden ser consecuencia de la casualidad. El equipo blanquiazul, amarrado el objetivo primordial de la permanencia, se ha despistado de modo clamoroso, hasta el punto de echar por tierra, o casi, sus opciones para pelear por el ascenso a Primera en las eliminatorias finales. La decepción del pasado sábado ante el Córdoba es notoria por lo que significa a efectos clasificatorios: el Tenerife abandona la zona noble de la tabla, ahora es décimo cuando hace unas semanas era cuarto y aspiraba con fundamento a lograr el ascenso por la vía rápida. Todo se ha estropeado en partidos como este ante el Córdoba, resuelto por la mínima en sentido desfavorable, porque el conjunto de Álvaro Cervera ha sido incapaz de anotar un gol en 360 minutos.

Cuatro partidos, cuatro derrotas por 1-0 en encuentros que el Tenerife quizá pudo al menos empatar, pero de los que salió de vacío y cada semana con peores sensaciones que en la anterior. Lo del Jaén fue mala suerte y el Girona nos pilló en un día tonto. Las Palmas no fue superior, pero marcó en el descuento, mientras que el Córdoba lo hizo al principio pero tuvo la suerte precisa para defender su mínima renta en una segunda mitad en la que el Tenerife mereció al menos anotar un tanto. Pudo ocurrir en el remate de Ayoze Pérez que repelió el palo, pero también el joven prodigio blanquiazul anda peleado con la fortuna, de modo que su racha goleadora se ha detenido en seco. Bruno sacó un cabezazo en los últimos minutos que pudo asimismo haber significado el empate, remate bien resuelto, sin embargo, por el guardameta visitante. Fueron pocos argumentos ofensivos los de un Tenerife que llega agotado al tramo final de la temporada. ¿Es esto criticable? Pues qué pregunta tan difícil. Por un lado hay que decir que todos hubiéramos firmado la situación actual tras contemplar el pésimo inicio de temporada que hizo nuestro equipo. Al mismo tiempo, es obligado recordar que varios jugadores concretos han cargado con el peso de los partidos durante muchas semanas consecutivas, quizá demasiadas. Por tanto, es hasta cierto punto normal este bajón en la curva de rendimiento, y más aún si varios futbolistas andan pendientes de resolver su futuro deportivo, por los motivos que sea, legítima ambición personal o falta de pericia en la secretaría técnica del club blanquiazul. Así que el Tenerife empezó muy mal, hizo un tramo medio de temporada imperial y vuelve a fallar en los últimos encuentros del curso. Este es el relato de una temporada que escribirá sus últimos capítulos en tres jornadas de máxima exigencia para los nuestros, ante tres equipos que también pelean por apurar sus últimas opciones de ascenso. Mientras sea matemáticamente posible, hay que lucharlo, aun y cuando las fuerzas estén al límite y la fortuna no acompañe, como de hecho ha ocurrido en este último mes. Deportivo y Eibar han sido los mejores equipos de la categoría, y se merecen claramente el ascenso directo, porque sólo el Barcelona B, por su inmenso y joven talento, les ha dado un poco de réplica. Las Palmas perdió ayer en el campo del Real Madrid Castilla y ha sido demasiado irregular como para pensar en el salto de categoría sin pasar por el duro trago de la eliminatoria final. Esto es una ruleta rusa en la que hay muchos invitados: Murcia, Sporting de Gijón, Córdoba, Recreativo, Sabadell y también Tenerife. Vamos, sin acritud, a pedir un último esfuerzo a los nuestros. La esperanza es lo último que se pierde y quedan tres fechas aún por disputar.

La Liga loca, loca, loca

Comentario del 6 de mayo de 2014, martes, en Radio Marca Tenerife.

Se podría afirmar que Atlético, Real Madrid y Barcelona merecen ganar el título de Liga esta temporada. Por las mismas razones, se puede decir que ninguno de ellos merece llevarse el título. Los tres grandes del fútbol español caminan por sendas paralelas, intratables la mayor parte del tiempo, pero falibles en momentos determinantes, como se pudo ver este fin de semana. El Barcelona prácticamente tiró la toalla el pasado sábado, con su lamentable empate en casa ante el Getafe. Los titulares del día siguiente en la prensa catalana sonaron a funeral: fin de etapa, el epílogo para un gran equipo, la despedida valiente, modélica por poco habitual, de un entrenador que admite no haber dado la talla y rechaza siquiera agarrarse a las excusas para reclamar la segunda oportunidad que sobre el papel le otorga su contrato. Eso era el sábado. Pero ayer por la noche sólo el golazo postrero de Cristiano Ronaldo evitaba dejar al Barcelona como favorito para ganar título, dependiendo de sí mismo en dos encuentros que, como todos, serán a vida o muerte. El empate final del Real Madrid ante el Valencia supuso, por curioso que parezca, una buena noticia para el Atlético, al rebajar un tanto las opciones azulgranas. No se puede obviar que la Liga se cierra con un Barcelona-Atlético de Madrid en el que todo estará marcado por la disposición anímica y las opciones de cada cual. No es lo mismo salir al campo sabiendo que si ganas eres campeón que pensado que si ganas el campeón es el Real Madrid, y esa evidencia sin duda pesará en el ánimo de la plantilla barcelonista. Por cierto, la polémica estará servida caso de darse este muy probable supuesto; los aficionados culés, ¿querrán ganar en la despedida del Tata Martino u optarían por regalarle la Liga al Atlético con tal de que no se la lleve el Madrid? Todo esto se lo podía haber ahorrado el equipo colchonero, pero pinchó de modo lamentable en su visita al campo del Levante, un equipo que no se jugaba nada. El conjunto del Cholo Simeone es el que más méritos ha hecho para llevarse el título, por su admirable regularidad en España y Europa, pese a tener una plantilla más corta que la de sus dos grandes rivales. Sin embargo ayer resultó notorio el cansancio tras la fiesta de la Champions, cosa que también le ocurrió a un Real Madrid crecido por su goleada en Múnich, y que anoche las pasó canutas ante el Valencia. En ese aspecto es obligado afirmar que el fiasco sabatino del Barcelona es imperdonable, porque si alguna ventaja tenía haber sido eliminados en Europa era que las fuerzas restantes se podían emplear en la competición liguera. El Barcelona de Gerardo Martino ha perdido muchas oportunidades para resolver el título a su favor, la última el pasado sábado. La comodidad de unos jugadores hartos de ganar, y la incapacidad del técnico para hacerse con las riendas ha traído como resultado este paso dubitativo. Y aun así podría el Barça ser campeón, sobre todo si el Celta de Luis Enrique, el más que probable entrenador azulgrana del próximo curso, es capaz de arrancar al menos un empate en la visita del Real Madrid, el próximo sábado. Con todos los problemas que ha sufrido la entidad, sumando la salida del presidente tras el escándalo de Neymar, los problemas múltiples de Messi, la lesión de Víctor Valdés y el ambiente de fin de ciclo que inunda el Camp Nou, al final resulta que el Barcelona perderá probablemente la Liga, pero ante los dos finalistas de la Liga de Campeones. La verdad es que esta Liga tan loca merece múltiples lecturas. Habrá emoción hasta el final, casi como no se recordaba.

El revés y el derecho: la desigualdad, esa lacra

Esto es lo que escribí a Juan Cruz, y acto seguido su respuesta, en la edición dominical de Diario de Avisos del 4 de mayo de 2014.

El naufragio del casino – Por Juan Manuel Bethencourt

Canta la fanfarria política que la crisis ha terminado y que, gracias a las curas de caballo implementadas en 2012 y 2013, se pudo evitar el rescate de España y, eventualmente, un sacrificio aún mayor. Este, querido Juan, es un ardid tan viejo como el tiempo: la amenaza de un dolor superior es un poderoso incentivo para tolerar el sufrimiento presente. Es cierto que España, en su conjunto, no fue rescatada; lo fue su sistema financiero, drogado por los excesos que todos contemplamos y nadie frenó, y la factura ha salido por 40.000 millones de euros que en efecto puso Europa, pero a préstamo que pagarán no los propios bancos salvados del naufragio, sino todos los españoles a tocateja y con el correspondiente tipo de interés. De modo que al final fueron los propios españoles los que rescataron a su aristocracia económica, a los poderosos que dirigen las grandes corporaciones, y todo ello sin que se haya producido una mínima autocrítica desde las altas esferas. El resultado de todo ello es la consolidación de la teoría del riesgo moral: si estoy en lo más granado del casino financiero y me lo juego todo, lo hago en la certeza de que alguien vendrá a auxiliarme para evitar la caída, de modo que arriesgo una y otra vez, porque si gano soy un genio y si pierdo sólo soy otro banquero rescatado por los sufridos contribuyentes. España es, hoy, el país del primer mundo que muestra un mayor crecimiento de la desigualdad, lo cual supone la quiebra del papel redistribuidor, no de dinero sino de oportunidades, que se supone en la base del Estado Social de Derecho y de la democracia misma. Un economista francés teoriza sobre ello en un libro que bate récords de venta en su versión inglesa. Ese economista es Thomas Piketty, y el ensayo se titula El capital en el siglo XXI. Creo que se trata de una lectura recomendable, como lo es ese anunciado nuevo libro de Juan Ignacio Crespo, ciertamente un analista económico brillante, en el que describe el mundo excesivo de nuestras fenecidas cajas de ahorros.

El precio de vivir – Por Juan Cruz

Vengo de Argentina, donde ahora todo cuesta más caro. Y antes volví de México, donde decía el gran cantante José Alfredo Jiménez que la vida no vale nada. En la posguerra nuestra, ya sabes, vivir era sobrevivir. Los caciques y los ricos vivían bien, nos daban regalos a los niños pobres; ser pobre era, también, aceptar que te lo dijeran, que te lo pusieran de manifiesto. La pobreza ha cambiado de signo; ya no son pobres sólo los que son rematadamente pobres. En aquel tiempo, cuando ser pobre era además no tener derecho a decirlo, había una sola clase de pobres, los pobres de solemnidad, aquellos que debían estar callados como pobres. El silencio era parte de la pobreza. Ahora han cambiado las cosas. La democracia tuvo una época de esplendor económico, se equilibraron los ingresos y se equilibraron los derechos; ya se podía protestar, ya se podía ir a la educación pública, se podía ir a los hospitales, se podía confiar en lo público. Un país es rico, o justo, cuando lo público no es la caridad sino el derecho a utilizar lo público. Entiendo lo que dices, me fijo en las estadísticas, que escalofrían. El domingo le expliqué a un político argentino cuál es el porcentaje de jóvenes sin empleo y le dije la verdad, 55%; él entendió 95%. Me alarmó que considerara normal haber entendido eso; es decir, consideró que eso era posible. Lo peor de ese porcentaje (55%) no es que exista, que ya es grave, sino que aumente, y que aumente incluso hasta los niveles que creía posibles mi amigo argentino. Allí observé que hay billetes de cada una de las monedas, prácticamente. Me fijé, también, que la gente cuenta hasta las propinas. Cuando volví a Madrid me descubrí haciendo lo mismo, contando moneda a moneda a ver si llegaba para pagar el transporte. La pobreza llega cuando empiezas a contar y no llegas; estamos en ese punto, hemos dejado de ser tan confiados con las monedas y hemos empezado a desconfiar de la vuelta que te dan en los taxis y en las guaguas. Somos más pobres; ahora toca abrocharse la esperanza para que ésta no se te desparrame.

Mazazo en el Estadio

Comentario del 5 de mayo de 2014, lunes, en Radio Marca Tenerife.

La ilusión del ascenso directo, para el Tenerife, se terminó ayer. La derrota en casa ante el Girona, colista de la Liga Adelante, devuelve al equipo de Álvaro Cervera a una realidad que, aun siendo esperanzadora, pone coto a los sueños. Dos derrotas consecutivas ante rivales de la parte baja de la tabla han frenado en seco una escalada blanquiazul que parecía imparable, pues hace sólo ocho días nos atrevíamos a definir al Tenerife como el equipo más en forma de la competición. No lo pareció en Jaén, ni ayer en la calurosa tarde del estadio, en un día que parecía propicio para seguir sumando y mantener el ritmo con los mejor clasificados. Los rivales ganaron, o al menos sumaron, de modo que el saldo del fin de semana es muy negativo para un equipo que ahora acudirá a Las Palmas con muchas dudas sobre su capacidad para afrontar el tramo final de la temporada. A ello se suma la más que probable baja de Ayoze Pérez en el derbi canario, salvo milagro en forma de retirada de una tarjeta amarilla a todas luces injusta. Sea como fuere, los amarillos cumplieron con su victoria en Zaragoza, allí donde se esperaba un pinchazo, y el Tenerife en cambio se dejó comer la tostada por un adversario que en modo alguno pareció el último clasificado. Hay que decir que el Girona mereció salir con los tres puntos del Heliodoro, es así y no sirve de nada lamentarse. Las razones hay que buscarlas en la ausencia de tensión que mostró el once blanquiazul, al que parece habérsele terminado la gasolina tras su espectacular racha de los últimos meses. Por unas razones o por otras, el equipo ha perdido el hambre que mostraba en fechas precedentes, como si la confirmación de la permanencia, el objetivo inicial de la temporada, hubiera supuesto un cierto hartazgo en la plantilla tras una temporada larga y cargada sobre los hombros de cuatro o cinco futbolistas concretos. Es una pena porque el Tenerife de las últimas fechas tenía pinta de pelear por todo, también por el ascenso directo en detrimento del Eibar, otro modesto que sin embargo sí mantiene la ambición intacta y ayer salió con tres puntos muy valiosos de Mallorca. Ya ven cómo cambia una temporada en dos partidos; el Tenerife, que pudo estar a dos puntos del equipo guipuzcoano, se encuentra ahora a ocho, y por eso es pertinente afirmar que las dos primeras plazas se escapan de modo definitivo para el equipo blanquiazul. Poco argumento puso ayer el Tenerife para sumar algo positivo. En casa, con muy buen ambiente en la grada, el once de Cervera, con las novedades de Rigo y Aday en la alineación, se atascó desde el comienzo, superado en el medio campo por un rival apurado en la tabla, pero templado en el manejo del cuero. Con Jandro en el rol de capitán general, más la presencia de futbolistas aseados como Tato, Eloy y Juanlu Hens, el Girona manejó el partido con solvencia, muy superior en el medio del campo, porque a Ricardo y Aitor Sanz se les acumuló el trabajo. Estos partidos los solía sacar adelante el Tenerife con la velocidad de sus puntas, pero no fue el mejor encuentro de Suso y Ayoze, mientras que Aridane pasó totalmente desapercibido. Se echa en falta, sobre todo en casa, la presencia de Cristo Martín, que suma efectivos en el medio del campo pese a partir desde la posición teórica de extremo izquierdo. Su relevo de ayer, Aday Benítez, es un futbolista de cualidades muy diferentes, y el invento no le salió bien a Cervera, que optó por Juanjo ya con el marcador en contra tras el penalti, otra vez dudoso, con el que el Girona se puso por delante nada más comenzar la segunda mitad. El Tenerife achuchó en el último cuarto de hora, sin premio. Poco bagaje para un equipo con aspiraciones reales de subir a Primera.

El revés y el derecho: Iglesia y ejemplo

Esto es lo que me escribió Juan Cruz, y seguidamente mi respuesta, en la edición dominical de Diario de Avisos del pasado 16 de marzo.

La Iglesia y los otros – Por Juan Cruz

Ignoro si eres religioso, católico o no, y no te lo voy a preguntar, querido Juan Manuel. Nunca tuve interés en indagar sobre esas intimidades de la gente, pero te adelanto que desde adolescente algo debió suceder que me alejó por completo de la religión pero no de los religiosos. Tengo un enorme afecto por muchos de los que he conocido, sobre todo en los tiempos de la iglesia católica más o menos revolucionaria del Madrid de los años ochenta, cuando los sacerdotes afianzaban su compromiso público por la democracia y por el acercamiento a la sociedad en sus estamentos más humildes. Fui amigo del que luego sería obispo de Las Palmas, monseñor Echarren, y frecuenté mucho al cura Iniesta, que era un obispo muy especial. Fui también cercano al jesuita Díez Alegría, al que conocí en Tenerife, en casa de un doctor pariente suyo, el médico Bueno, que además era buenísimo. Ahora sigo con mucho interés las novedades que ha aportado a la actitud de la Iglesia el papa actual, Francisco. Leí el otro día una crónica excelente de mi compañero Francisco Peregil, desde Buenos Aires, en la que un grupo de amigos de siempre del pontífice expresaba de manera sencilla y honda de qué manera aquel sacerdote se comportaba en tiempos de menor compromiso público, y hasta qué punto la alegría y el humor siempre formaron parte de la sencillez de la amistad que compartieron. Ignoro si este papa hará que algunos dogmas, que no fueron dictados por Jesucristo sino por la jerarquía, se reformen y queden obsoletos; pero hay algo de su actitud que ha sido un aire fresco en ese devenir a veces tan sombrío de la Iglesia, representada aquí, por cierto, por un cardenal bien sombrío, el hosco cardenal Rouco. Creo que la sencillez de Francisco, que lleva un año en el pontificado, no sólo tiene efecto sobre los católicos, sino que llama la atención contra tanta solemnidad vacía como la que gobierna religiones, sectas, empresas, personas y entidades. ¿No te parece? Como decía mi madre, una sencillez es muy bonita.

El liderazgo jesuita – Por Juan Manuel Bethencourt

Tampoco me sorprende, querido Juan, el torrente de elogios recibidos por el papa Francisco en su aún breve mandato sobre la Iglesia católica, de la que, por cierto, soy miembro. Estamos no ante un revolucionario, sino ante un reformista, un reformista al estilo jesuita. Ya resulta novedosa su condición, al tratarse del primer integrante de la Compañía de Jesús que alcanza el obispado de Roma, algo que puede entenderse como una anomalía dado el papel, muchas veces incómodo a ojos de la curia, desempeñado por una institución con siglos de experiencia en el ámbito de la educación en los cinco continentes. Ahí citas, con acierto, el ejemplo del cura Díez Alegría. El liderazgo al estilo jesuita se resume, entiendo, en cuatro principios: todos somos líderes y dirigimos todo el tiempo, bien o mal; el liderazgo nace de adentro, determina quién soy y cómo lo hago; el liderazgo no es un acto, es una vida, una manera de vivir; y, finalmente, es una tarea que no termina nunca, se trata de un proceso continuo. La aportación de Francisco es recoger este legado, y ejemplos tiene de sobra, comenzando por el que será segundo santo canario, el también jesuita y lagunero José de Anchieta, que el papa conoce a la perfección. La osadía de Francisco, su modo de cultivar el concepto tan jesuítico del magis, del ir a más, contrasta en efecto con aquellos que, como el cardenal Rouco, contemplan la evolución de nuestra sociedad con temor y optan por el inmovilismo. Sé que Francisco cambiará cosas en el devenir de la Iglesia, y sé también que decepcionará a aquellos que quieren un Papa ateo, pues esa contradicción pende latente de tantos elogios. Aprecio, finalmente, su perenne sonrisa, que con frecuencia deviene en limpia carcajada. Desde hace años pienso que en las altas esferas de este mundo, desde la política a la economía pasando por el liderazgo religioso, falta sentido del humor en la misma medida que sobra frivolidad. He aquí un líder capaz de sentir, sufrir y reír. Verdad, amor y simplicidad, querido Juan.

El día de la fractura

Artículo publicado el pasado 12 de marzo, miércoles, en Diario de Avisos.

El día de la mayor tragedia de nuestra democracia, la matanza terrorista del 11 de marzo de 2004 en Madrid, fue también el germen de la mayor fractura experimentada por nuestra Historia reciente. Con el paso del tiempo, y ayer se cumplieron 10 años de aquello, tendemos a sacralizar los momentos, también a idealizarlos. El expresidente Rodríguez Zapatero lo hizo hace unos días, en una interesante entrevista con motivo de la efeméride. Beneficiario directo de la conmoción provocada por el desastre, aunque nunca lo ha admitido siquiera implícitamente, Zapatero pronuncia ahora palabras cargadas de prudencia, y se lo puede permitir, porque también en aquella hora funesta se manejó con indudable responsabilidad, aspecto que le diferencia de José María Aznar y su grosero manejo de un acontecimiento tan luctuoso. Como es sabido, el ardid salió al revés al confirmarse que los autores del atentado en los trenes no tenían nada que ver con ETA, sino con el terrorismo yihadista. Y aquel hecho, coincidente con la guerra de Irak y la presencia de Aznar en la foto de las Azores, fue determinante a la hora de visualizar la eventual responsabilidad política de lo ocurrido. Ahora se sabe, claro está, que la masacre se hubiera producido aun sin elecciones, y seguramente sin el apoyo que el Gobierno español prestó a la aventura bélica de Bush & Blair. Así que, 10 años más tarde, deberíamos superar de una vez la teoría del terrorista favorito, que durante una década ha envenenado el debate político español, como si el PP fuera responsable del atentado islamista, porque lo hubiera sido el PSOE en el caso de autoría etarra. Esta fractura entre demócratas, tendente a responsabilizar al adversario político de una masacre semejante y rentabilizarlo electoralmente, es sin duda la peor página de nuestro expediente democrático reciente. Recuerdo aquellos días como agónicos, por la ingente tarea que supuso afrontar el hecho noticioso incluso desde una humilde redacción de provincias, ni más ni menos que la de este periódico. Hicimos un buen trabajo, que hoy agradezco a todos los que compartimos horas de esfuerzo sazonadas por el espanto que producían los hechos relatados. Pero sobre todo recuerdo la tristeza del sábado 13 por la tarde, cuando, tras las detenciones en Lavapiés, el país entero se vio movido por una convulsión política que desmentía la unidad expresada en la calle durante las manifestaciones del día anterior. El turbio aroma del reproche acompañó aquellos días trágicos, primero en un sentido, luego en otro, así hasta la cita de las urnas el domingo 14. Nunca, nunca más una fractura entre demócratas a cuenta del sufrimiento de todo un país. A ver si lo aprendemos de una vez.

Un domingo perfecto

Mi comentario de hoy, lunes, 24 de marzo, en Radio Marca Tenerife.

Tenerife vivió ayer, en el plano deportivo, un domingo perfecto. Tengo que añadir, y esto es una licencia personal, que cerró la fiesta el clásico del fútbol español, ese Real Madrid-Barcelona resuelto en clave blaugrana, aunque en este caso cada cual tira por su lado y es un asunto que prefiero comentar mañana. Además, las victorias del Iberostar Tenerife, a mediodía, y del CD Tenerife, a primera hora de la tarde, dan para mucho. El triunfo aurinegro en el derbi canario de la Liga Endesa puede ser definido como el primer milagro del Santo Padre Anchieta. Con 17 puntos abajo en el tercer cuarto, admito haber comentado a mi hija mayor, sentada a mi lado en el Pabellón, estas dos estúpidas palabras: se acabó. Pero lo que se acabó fue el acierto en el lanzamiento exterior del Gran Canaria, que, empachado en su propia suficiencia, concedió una última oportunidad al equipo de Alejandro Martínez. Y ahí entra el mérito, inmenso, de los nuestros: esta vez el Canarias tuvo fe, defendió con el alma, dado que las piernas ya flaqueaban por el desgaste del partido y la escasa rotación del grupo, esta vez limitado por las ausencias de Saúl Blanco y Jaime Heras. Entonces apareció Nicolás Richotti, quien asumió los galones no de líder, sino de héroe. Richotti contra el mundo, ese podría ser el titular del último cuarto, en el que el escolta argentino se mostró imparable, con canastas de todas las facturas, en penetración con escorzo, saliendo de bloqueo, desde larga distancia, todo lo que un jugador de carácter es capaz de hacer cuando la bola quema en las manos. Ayudado, eso sí, por el desplome grancanario en ataque, el Iberostar fue capaz de asegurar el rebote defensivo, con Luke Sikma en papel destacado en esta faceta, y obtener así una victoria muy necesaria, realmente valiosa tras una sucesión de sinsabores consecutivos. Es el mejor preludio para la llegada de dos refuerzos de postín como English y Kickert, que van a reforzar la competitividad del conjunto lagunero en el tramo final de la temporada, sea para garantizar una cómoda permanencia o incluso para mantener vivo el sueño de los play-offs. Este anglicismo perfectamente prescindible, play-off, fue generosamente utilizado unas horas más tarde, esta vez en el Heliodoro, porque el Tenerife ofreció a su parroquia una tarde fabulosa, con espectáculo y goles, con otro salto adelante en la clasificación, porque el equipo blanquiazul está, a once jornadas del final de la Liga, dentro de la pelea por la fase de ascenso a Primera División. La Ponferradina fue un juguete en manos de un Tenerife desatado, de nuevo liderado por Ayoze Pérez, que añadió una muesca más a su efervescente carrera con su primer triplete como futbolista profesional. Tres goles de muy diferente registro, pues lo mejor del pibe de María Jiménez es la variedad de su repertorio. Uno culminando un contraataque vertiginoso a pase, una vez más, de Suso Santana; el segundo, una pillería en el segundo palo a la salida de un córner muy cerrado; el tercero, un arabesco con el que dejó atrás a dos rivales para sentenciar raso y duro. En una tarde canaria por los cuatro costados, Aridane Santana marcó el tercero, y fue Edgar, el purasangre de Arafo, quien puso la rúbrica con un golazo por la escuadra en el último minuto del partido. De nuevo fue Suso el estilete infatigable por la banda derecha, lo cual ya no es novedad en los partidos del estadio, y si no ocurre fuera de casa es por el empeño del entrenador, muy aficionado a las rotaciones en función del estadio y el rival. Pero ha llegado el momento de disputar los encuentros restantes con el mejor once posible. El próximo duelo, en un escenario fascinante, Riazor. Vaya partidazo.

El revés y el derecho: la amistad

Esto es lo que me escribió Juan Cruz, y seguidamente mi respuesta, en la edición dominical de Diario de Avisos del pasado día 2.


Un amigo – Por Juan Cruz

El aire de Los Cristianos es benéfico. Como el salitre, la arena suave, las noches. Una de esas noches, hace mil años, en mi adolescencia, un ataque de asma, de los numerosos que me afectaban entonces y que aún ahora siguen amenazando cada vez que se tuercen el tiempo o el ánimo, ocurrió allí, en medio de ese aire benéfico de Los Cristianos. Y ni el flujo de esa extraordinaria atmósfera que combina el mar en la noche pudo sacarme de ese torbellino de respiraciones que convierten en agonía el arte de respirar. Jamás me he podido olvidar de esa noche ni de la persona que me acompañó mientras se iba produciendo ese trance que parecía eterno, inacabable, terrible. Esa persona era un amigo, Carlos Tomás Pérez Méndez, acaba de morir. Él y su hermano Juan Antonio, y sus padres, doña Isabel y don Antonio (Antonino), me acogieron algunos veranos en su casa de la avenida de Suecia. Por amistad, no había otra circunstancia, ni familiar ni de otro tipo, sólo por amistad me invitaron a estar con ellos. Aquella fue una de las muchas noches que viví allí, respirando el aire benéfico de Los Cristianos que se me torció esa noche. Como si él intuyera que yo vivía un trance peligroso que requería compañía, Carlos Tomás se quedó en la azotea, a mi lado, silencioso, yendo de acá para allá, esperando que pasara el ahogo. Y mientras éste duró yo sentí su respiración como un apoyo de la mía. Luego han pasado los años y las noches, y durante toda mi vida he sentido gratitud hacia esa familia, porque aquellos días, aquellas semanas y aquel tiempo, su cercanía fue un poderoso apoyo para seguir andando en un mundo que con frecuencia necesita tanto el latido de la amistad como el latido del aire. Ahora que él ha muerto, querido Juan Manuel, quisiera que compartieras conmigo este tributo de amistad y de gratitud.

Nunca piden nada y siempre dan – Por Juan Manuel Bethencourt

Me ha conmovido, querido Juan, ese homenaje a tu amigo Carlos Tomás, recientemente fallecido, tu auxilio de aquella noche seguramente interminable en una azotea de Los Cristianos. Es lo que lo hacen los amigos, estar cuando se les necesita. Un antiguo proverbio dice que la vida de un hombre está incompleta a menos que, o hasta que, haya probado el amor, la pobreza y la guerra. Esto en realidad lo escribió en 2004 Christopher Hitchens, acaso el mejor periodista británico de último medio siglo, y un escritor gigantesco de quien sólo tuve noticias hace poco, meses antes de su fallecimiento. Luego descubrí que habías escrito mucho y bien sobre Hitchens, aunque nunca lo habíamos comentado, y quiero añadir hoy que el incansable polemista debió incluir a la amistad como un cuarto y raro elemento capaz de definir el carácter de todo ser humano. Porque si el amor es una piedra preciosa que, cuando aparece, es necesario pulir cada día, la amistad está hecha de una aleación sutil, un metal resistente y sin embargo flexible, liviano cuando debe serlo, desprendido siempre. Puedo considerarme afortunado al respecto, y viene al caso recordarlo en un día como hoy, asociado con el jolgorio anual de nuestro Carnaval y el recuerdo de una pandilla de amigos, la mía, que entre el baloncesto y la Universidad configuró un vínculo alegre, sincero y duradero. Manuel Luis Hernández, que creo que es mi mejor amigo desde hace casi dos décadas y media, es un tipo con el que a veces hablo poco, porque la vida y las ocupaciones conducen a cada cual por vericuetos diversos. No obstante somos capaces de retomar la charla con idéntica familiaridad, pues sabemos que en cualquier caso hay que cumplir con esa sencilla estrofa de Soy un corazón tendido al sol, la maravillosa canción de Víctor Manuel: “Aunque soy un pobre diablo sé dos o tres cosas nada más; sé quiénes son amigos de verdad, nunca piden nada y siempre dan”. Un abrazo, buen amigo, y mis condolencias por esa pérdida irreparable.

Empate de ida y vuelta

Mi comentario del pasado 3 de marzo, en Radio Marca Tenerife.

La tarde precarnavalera de este sábado nos regaló un partido muy entretenido entre el Tenerife y el Real Madrid Castilla, un duelo de ida y vuelta entre dos equipos descarados, que prefieren el buen trato al cuero al patadón y tentetieso. Acabó con empate a dos goles, un resultado que creo hace justicia a lo ocurrido sobre el césped de Valdebebas. Ahora bien, si alguien pudo ganar fue el Tenerife, que perdió la ocasión para meterse en los puestos de promoción de ascenso por ser demasiado conservador cuando disfrutaba de una ventaja mínima en el luminoso. El tanto inicial de Aridane Santana, otra vez poderoso por alto, dejó el duelo en la mejor posición posible para el equipo de Álvaro Cervera, agazapado atrás y con metros para hacer daño a la defensa rival, sin duda lo más flojo en la plantilla del filial merengue. Aun así es preciso decir que el Real Madrid Castilla le ha cogido el aire a la división de plata, tras un comienzo de Liga desastroso, y ahora mismo pugna con éxito por salvar la categoría, cosa que logrará de mantener su trayectoria reciente. El Tenerife pudo sentenciar con dos acciones de Ayoze que el talento blanquiazul echó fuera. Uno fue un tiro raso de zurda tras una maravillosa acción individual a la contra, la especialidad del muchacho. El otro, un remate que se fue fuera tras brillante jugada desde la banda izquierda de Edgar, otro galgo tinerfeño que llama a las puertas de la titularidad y, desde luego, el mejor refuerzo blanquiazul en el mercado de invierno. El problema, para los nuestros, fue que con el paso de los minutos el juego se fue virando y vimos a un Tenerife demasiado reservón, a la espera de que los minutos decidieran por sí solos. En particular, el equipo de Cervera se dejó comer el terreno en los inicios de la segunda mitad, y el Castilla dispuso entonces de la ocasión para acumular hombres en la línea de ataque, todos ellos cortados por el mismo patrón: dinámicos, buenos técnicamente y peinados al estilo de Cristiano Ronaldo. Al mando, un comandante en jefe llamado Omar Mascarell, teguestero para más señas, un medio centro llamado a hacer grandes cosas en el fútbol. El gol era cuestión de tiempo, los goles en este caso, y en un santiamén se vio el Tenerife por debajo en el marcador, tras los tantos de Aguza y De Tomás. La cosa pintaba mal, pero alguien quiso demostrar que si en la ciudad deportiva del Real Madrid hay talento en cantidad, nuestra isla no se queda rezagada en esta faceta. El último tramo del partido perteneció por completo al equipo blanquiazul, con tres futbolistas de la casa, Ayoze y los recién ingresados Suso y Cristo Martín, desbordando una y otra vez a sus pares. Fue Aridane quien filtró el pase definitivo, un taconazo certero que habilitó la carrera de Ayoze. El pibe de María Jiménez definió con categoría y, tras un gesto retador a la grada blanca, dedicó el tanto a su abuela recientemente fallecida. Ayoze Pérez eligió un buen escaparate, Valdebebas, para exhibir su talento y confirmar un fin de semana más que ha llegado a la élite para quedarse y crecer. El Tenerife lo tiene que disfrutar mientras pueda, y eso incluye el resto de una temporada que empezó fatal y ahora proyecta ilusionantes objetivos. Una pena esos puntos perdidos en casa ante rivales en teoría asequibles, un lastre que ahora impide mirar la tabla desde las primeras posiciones. Fuera de casa, sin embargo, nuestro equipo es un ciclón que incluso supera los números foráneos del último ascenso a Primera. Vamos a seguir partido a partido, que la cosa se ha puesto interesante.

Champions: sigue la fiesta

Mi comentario del pasado 27 de febrero, en Radio Marca Tenerife.

Les aseguro, queridos amigos, que cuando les hablé ayer sobre el buen momento de forma del Real Madrid no sabía que el equipo de Ancelotti me daría la razón de un modo tan concluyente sólo unas horas más tarde. Les dije que ahora mismo el equipo blanco es tan favorito al título europeo como el Bayern de Múnich, y qué mejor lugar que Alemania para confirmarlo. Porque además el Madrid ha cargado históricamente con cierto complejo a la hora de visitar los campos teutones, escenario de algunas de las peores derrotas que emborronan su inigualable historial; la última, sin ir más lejos, el año pasado en Dortmund, en un aciago partido de semifinales. Pero ayer, a muy pocos kilómetros de distancia, el once merengue le metió el miedo en el cuerpo a cualquiera que aspire a llevarse la Liga de Campeones esta temporada. Con su tridente letal, Cristiano, Bale y Benzema, a tope de revoluciones, desnudó al Schalke, un buen equipo que pareció un grupo de juveniles. Nadie tiene tanto arsenal arriba, ni siquiera el Bayern, por citar al vigente campeón del certamen, ni tampoco el Barcelona, que tiene mucho juego pero no una pegada tan contundente. Con el fichaje de Bale, y a pesar de sus lesiones recurrentes, el Madrid ya no tiene un cañonero, sino dos, y probablemente el mayor beneficiado es Benzema, un futbolista frío pero que se mueve maravillosamente a la hora de aprovechar el espacio que le proporcionan sus compañeros; si fuera un poco más ambicioso, el francés sería una estrella absoluta. Con estos poderosos argumentos, y con una actuación coral asombrosa, tanto que el propio Ancelotti dijo luego que algo así será difícil de repetir, el 1-6 del Madrid puso colofón a una ida de octavos de final que ha supuesto una fiesta para el fútbol español. Los tres equipos de nuestra Liga encarrilaron el pase a la siguiente ronda en campo contrario, con algo de fortuna como el Atlético, y con mérito indudable el Barcelona, que tenía que medirse al rival más poderoso posible, el Manchester City, y salió del campo adversario con un reconfortante 0-2. El problema actual del equipo azulgrana, aparte de la revoltura interna que ha provocado el escándalo en los números del fichaje de Neymar y los problemas judiciales y fiscales de la directiva, es la eterna comparación con su máximo rival, y la verdad es que ahora mismo el Real Madrid está jugando mejor y obteniendo mejores resultados. En cuanto al Atlético, salió vivo y coleando del campo del Milan, que pudo ganar y al final se dejó perder por un cabezazo certero de Diego Costa y porque Courtois demostró una vez más que ahora mismo, y pese a sus 21 años, es el mejor portero del mundo. Hemos contemplado, eso sí, unos octavos de final con elevado protagonismo español, porque el Chelsea empató ayer en Estambul con gol de Torres tras pase de Azpilicueta, un lateral polivalente que apunta a fijo en la lista del próximo Mundial. El martes, fue el Olympiakos de Míchel González el verdugo de un grande venido a menos, el Manchester United. Si el Manchester City puso en apuros al Barcelona, pese a la derrota, fue porque David Silva se cargó el equipo a la espalda, auxiliado por Negredo y Navas. Y en el triunfo claro del Bayern ante el Arsenal pesó mucho el talento de Javi Martínez y Thiago, ya asentados en el once titular del equipo bávaro, siempre bajo la atenta mirada de ese ganador nato que es Pep Guardiola. La verdad es que nuestro fútbol atraviesa un momento dorado, y qué mejor competición de la Champions para comprobarlo a cada oportunidad. Y que siga.