Política

El revés y el derecho: elecciones europeas

Esto es lo que escribí a Juan Cruz, y acto seguido su respuesta, en la edición dominical de Diario de Avisos del 18 de mayo de 2014.

Elecciones europeas y paridad – Por Juan Manuel Bethencourt

Estuve viendo, querido Juan, el debate europeo entre los candidatos del PP y el PSOE, que derivó en un previsible frontón que, en lugar de la ocasión para confrontar ideas, fue una especie de mitin a dos voces en el que Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano se alternaban en el uso de la palabra. Nada hay que reprochar a los aspirantes, que se midieron según las reglas previamente pactadas por sus equipos de campaña. Hay mucha mitología sobre el peso de los debates en el resultado de una contienda electoral, pero lo cierto es que su incidencia en el resultado es bajísima; tanto más en este caso, en unos comicios de limitado perfil.

Resulta llamativo que el mayor eco del debate haya venido a posteriori, con esas palabras condescendientes de Arias Cañete, quien, según su propia versión, no quiso demostrar su “superioridad intelectual” (sic) ante Valenciano para no parecer machista. Quizá el machismo anide precisamente en esa distinción, en la presunción de que no es posible un debate político entre un hombre y una mujer que se rebaten (y llegado el caso se despedazan) como lo que son, seres humanos no iguales, pero sí equiparables. La cosa no deja de ser un ardid de campaña, el intento del PP por vincular la campaña durante un par de días a esa superior cualificación académica de su candidato, en menoscabo de su principal oponente. Lo cierto es que en la España de hoy, y por fortuna, las mujeres obtienen mejores registros académicos que los hombres como norma general, lo cual, sin embargo, no se traduce en un reconocimiento equivalente; ni en la política, ni en la Universidad, ni en la empresa, tampoco en los medios de comunicación. Y cuanto más selecto el foro, más patente la ausencia de paridad no forzada, sino natural. De hecho, la semana que termina nos ha deparado la salida forzosa de dos figuras femeninas del periodismo impreso, las ya exdirectoras de Le Monde y The New York Times, Natalie Nougayrède y Jill Abramson, respectivamente. La primera de ellas, una periodista excepcional.

Mucho macho hombre – Por Juan Cruz

Un amigo inglés que venía a que yo le enseñara español decía, para definir al prototipo tópico de nuestro país, esta expresión que a todos nos hacía gracia: “Mucho macho hombre”. Pues sí, Cañete es mucho macho hombre, responde a ese prototipo tan extendido de machista que entre nosotros hizo furor en un tiempo y que ahora nos da tanto repelús. Lo que ha pasado con Cañete es que prolonga ese carácter desde un cargo (o un excargo) de servicio público; que un hombre así, con esas expresiones, haya desarrollado distintas representaciones oficiales en nombre del Gobierno de España (no es el Gobierno del Partido Popular, es el Gobierno de España) reclama una revisión de su propia candidatura, ahora que él se aproxima a hacer lo mismo en Europa. ¿Qué dirán por esos mundos en los que el machismo llama tanto la atención y da, repito, tanto repelús? Hace falta mucha didáctica y mucha pedagogía para limitar la presencia de personas que se expresan así en cargos de representación política. Europa se distingue por ser un continente que aspira a la excelencia en el respeto de los derechos de igualdad. El PP acabó con la asignatura de educación ciudadana, y mira por dónde es a ese político de ese partido a quien habría que darle lecciones intensivas del trato que merecen nuestros semejantes, mujeres y hombres. Miguel Arias Cañete despreció en el debate y después del debate a Elena Valenciano, pero no tan solo: despreció a los oyentes, pues habló con los textos preparados, como si en la vida parlamentaria esto pudiera ser lícito. Después de su discurso tan pulido, su compañera de candidatura Pilar del Castillo calificó lo que dijo Elena con estas palabras realmente despectivas: “[Fueron] palabras vacías que ocultan su fracaso”. Es una manera de atacar también, con la palabra fracaso por delante, a una mujer contrincante. A mi este suceso, Juan Manuel, me ha producido una enorme repugnancia; seguro que también le habrá ocurrido lo mismo a los hombres y las mujeres que comparten las siglas de Cañete.

Repsol, Imaz, sentido común

Articulo publicado el 8 de mayo de 2014, jueves, en Diario de Avisos.

Dentro del giro mayúsculo que están experimentando los acontecimientos del proyecto petrolero de Repsol en aguas cercanas a Canarias, con un derrotado evidente, el ministro Soria, y un ganador igual de obvio, el interés general del Archipiélago, hay otros movimientos que apuntan a un planteamiento más razonado y razonable de esta cuestión. Uno de ellos afecta incluso a la cúpula de la propia multinacional, tras el reciente nombramiento de Josu Jon Imaz como consejero delegado de la misma. El expresidente del PNV, en la actualidad presidente de la filial vasca de Repsol, Petronor, fue un verso suelto de la política en la mejor definición del término. Renunció a las ambigüedades propias de su partido en la repulsa al terrorismo de ETA, y llegó tan lejos en el esfuerzo reformista del nacionalismo vasco que su predecesor, el inmovilista Xabier Arzalluz, terminó por urdir una maniobra para sacarlo de aquel despacho, aun a costa de colocarlo en otro del ámbito privado, una jaula de oro desde la cual Imaz ha contemplado cómo uno de sus aliados, Íñigo Urkullu, alcanzaba primero el poder en el PNV y más tarde el cargo de lehendakari. Esta clase de detalles son importantes porque definen el perfil del nuevo lugarteniente de Antoni Brufau al frente de Repsol: un tipo dialogante, que entiende el hecho autonómico, militante de un partido que ya ha tenido que posicionarse sobre un proyecto de explotación de hidrocarburos en su territorio. El Gobierno del País Vasco ha autorizado la extracción de gas de pizarra en su subsuelo, incluso mediante la controvertida técnica del fracking, pero lo ha hecho sentando ciertas bases elementales que se parecen mucho a los argumentos expuestos hace unos días por Paulino Rivero ante Mariano Rajoy: estos temas se debaten ampliamente, tanto políticamente como ante la sociedad, y no valen las prisas ni las decisiones unilaterales; y, en todo caso, los beneficios colectivos deben quedar muy claros, no en las nebulosas que tanto le gustan al ministro de Industria y aún líder del PP canario. Repsol, por boca de su presidente, se equivocó de plano al llevarse por Soria y venir a las Islas con la actitud del caudillo colonizador. Líderes con la calidad intelectual de Josu Jon Imaz recibirán, o eso esperamos algunos, el encargo de corregir tanto desafuero en beneficio de la legalidad, del Estado de Derecho, de la participación y del interés público. Es sencillo de entender, y ayer quedó claro en el debate del Senado; el PP, tras anunciar oficiosamente un acuerdo para la suspensión de los sondeos, se echó atrás y sufrió una quiebra en su unidad de voto. Pero, le guste o no a José Manuel Soria, sus presiones no irán demasiado lejos.

Un REF para todos

Artículo publicado el 7 de mayo de 2014, miércoles, en Diario de Avisos.

La reforma del REF que el Gobierno canario ha liderado durante los últimos años toma cuerpo, ya con el beneplácito del Ejecutivo central, lo que quizá pueda molestar a alguien, pero está dentro de la lógica de la buena colaboración entre personas responsables. Es el saldo de la reunión reciente entre Paulino Rivero y Mariano Rajoy. Y además la reforma camina en la dirección adecuada, la que nos lleva a considerar el fuero canario como una herramienta útil para la economía real, no para sectores ni agentes concretos. Si alguna losa ha pesado sobre la normativa aprobada en el ya lejano 1994 es su condición de ley selectiva, porque el ciudadano medio de las Islas terminó por concluir, y con cierta razón, que aquello del REF era cosa de potentados. La Reserva para Inversiones, por ejemplo, permitió la autofinanciación empresarial durante los años de bonanza, pero no diversificó la economía ni sirvió posteriormente como instrumento anticrisis, pues simplemente no había beneficios que deducir. Una reforma como la que está en curso, que pone el acento en la pequeña empresa y la creación de empleo, supone un elemento más a favor de la democratización del mercado, de la expansión de las oportunidades y el estímulo a la creatividad, porque nuestro tejido social necesita no menos empresarios, sino más, aunque también debe combatir los intereses creados y los oligopolios enquistados, aquellos que no quieren que nada cambie. En busca de la tan necesaria internacionalización de la economía regional, aparece la novedad de una bonificación fiscal para quienes inviertan en África, pero no desde la perspectiva de la deslocalización de grandes corporaciones, sino del apoyo a los emprendedores: una medida destinada a pymes que abran en los países de nuestro entorno y amplíen sus plantillas en las Islas, precisamente por las nuevas oportunidades que ofrece el escenario cercano, y no al revés. También se afirma, y con razón, que Canarias no es lo suficientemente atractiva para la inversión foránea, lo cual tiene que ver con la Zona Especial y la incertidumbre sobre la durabilidad de sus incentivos. Y aquí el nuevo REF también experimenta un gran avance: extensión de los incentivos fiscales hasta el año 2030, posibilidad de inscribir sociedades ZEC hasta 2020, eliminación de los límites al incentivo fiscal (se paga el 4% de impuestos) siempre que se generen más de cincuenta puestos de trabajo en las Islas, supresión de los límites físicos para establecer una empresa, etcétera. Hay cosas que se quedan en el tintero, como las bonificaciones a la Seguridad Social, una batalla que Canarias deberá seguir librando para disponer de un marco más centrado en la economía del futuro, que por necesidad tendrá que ser una economía inclusiva, es decir, para todos.

Terrorista o pacifista

Artículo publicado el 6 de mayo de 2014, martes, en Diario de Avisos.

Gerry Adams fue el fiero dirigente del movimiento republicano de Irlanda del Norte, claramente asociado con su brazo armado, el IRA, de legendaria y criminal eficacia. También fue el muñidor de los acuerdos de Viernes Santo entre los Gobiernos de Irlanda y el Reino Unido que pusieron fin a la violencia enquistada en el Ulster. ¿Fue más una cosa que la otra? Qué pregunta tan difícil, porque lo cierto es que el líder del Sinn Féin fue primero una cosa y luego otra. Ahora el pasado ha venido a visitarle en forma de detención temporal como posible inductor del asesinato de una pobre viuda con diez hijos a su cargo, un crimen despreciable -todos lo son, pero algunos casos, como el de Jean McConville, espantan por su crueldad- cometido en 1972, en plenos años de plomo entre el grupo terrorista norirlandés y el Ejercito británico, con Belfast como icónico escenario, un espacio segregado entre muros, pintadas y puestos de vigilancia. ¿Es justo pedir cuentas a Adams por unos hechos cometidos hace cuatro décadas, cuando la espiral de violencia campaba a sus anchas, cuando cualquier entendimiento entre los independentistas y el Gobierno de Su Majestad parecía imposible? Otra pregunta sin respuesta. Hasta el camino por el que ha sido incriminado el líder histórico del Sinn Féin parece alambicado, las grabaciones de un terrorista del IRA ya fallecido para un trabajo de investigación universitario y además localizado en Boston, reserva espiritual y financiera del movimiento que abogaba por la anexión del Ulster a la República de Irlanda. De modo que han sido los propios colaboradores de Adams los que le han metido en este aprieto de improbables consecuencias judiciales, pero de evidentes connotaciones políticas. Hay algo que los señores de la guerra reciclados como líderes de la paz tienen que entender de una vez: su pasado no se puede borrar de un plumazo, no se puede (ni debe) estar en misa y repicando, el Premio Nobel de la Paz no es una garantía de bondad infinita ni un bálsamo que todo lo cura. Los hechos cometidos por Adams en su pasado violento existieron, aun y cuando no tenga nada que ver con el despiadado asesinato de la señora McConville, al que no se puede definir lacónicamente como “un error”, como ha dicho el propio Adams en una afirmación que le delata, pues revela que no está dispuesto a pedir perdón. Gerry Adams es una figura política de primer orden, y un hombre sin el cual no se entiende la actual situación del Ulster, donde ha cedido la violencia, aunque no el odio. Pero, por favor, que tampoco sea considerado el Mandela europeo. Y lo que vale para el Ulster vale para otros sitios. Para Euskadi, por ejemplo.

El revés y el derecho: la desigualdad, esa lacra

Esto es lo que escribí a Juan Cruz, y acto seguido su respuesta, en la edición dominical de Diario de Avisos del 4 de mayo de 2014.

El naufragio del casino – Por Juan Manuel Bethencourt

Canta la fanfarria política que la crisis ha terminado y que, gracias a las curas de caballo implementadas en 2012 y 2013, se pudo evitar el rescate de España y, eventualmente, un sacrificio aún mayor. Este, querido Juan, es un ardid tan viejo como el tiempo: la amenaza de un dolor superior es un poderoso incentivo para tolerar el sufrimiento presente. Es cierto que España, en su conjunto, no fue rescatada; lo fue su sistema financiero, drogado por los excesos que todos contemplamos y nadie frenó, y la factura ha salido por 40.000 millones de euros que en efecto puso Europa, pero a préstamo que pagarán no los propios bancos salvados del naufragio, sino todos los españoles a tocateja y con el correspondiente tipo de interés. De modo que al final fueron los propios españoles los que rescataron a su aristocracia económica, a los poderosos que dirigen las grandes corporaciones, y todo ello sin que se haya producido una mínima autocrítica desde las altas esferas. El resultado de todo ello es la consolidación de la teoría del riesgo moral: si estoy en lo más granado del casino financiero y me lo juego todo, lo hago en la certeza de que alguien vendrá a auxiliarme para evitar la caída, de modo que arriesgo una y otra vez, porque si gano soy un genio y si pierdo sólo soy otro banquero rescatado por los sufridos contribuyentes. España es, hoy, el país del primer mundo que muestra un mayor crecimiento de la desigualdad, lo cual supone la quiebra del papel redistribuidor, no de dinero sino de oportunidades, que se supone en la base del Estado Social de Derecho y de la democracia misma. Un economista francés teoriza sobre ello en un libro que bate récords de venta en su versión inglesa. Ese economista es Thomas Piketty, y el ensayo se titula El capital en el siglo XXI. Creo que se trata de una lectura recomendable, como lo es ese anunciado nuevo libro de Juan Ignacio Crespo, ciertamente un analista económico brillante, en el que describe el mundo excesivo de nuestras fenecidas cajas de ahorros.

El precio de vivir – Por Juan Cruz

Vengo de Argentina, donde ahora todo cuesta más caro. Y antes volví de México, donde decía el gran cantante José Alfredo Jiménez que la vida no vale nada. En la posguerra nuestra, ya sabes, vivir era sobrevivir. Los caciques y los ricos vivían bien, nos daban regalos a los niños pobres; ser pobre era, también, aceptar que te lo dijeran, que te lo pusieran de manifiesto. La pobreza ha cambiado de signo; ya no son pobres sólo los que son rematadamente pobres. En aquel tiempo, cuando ser pobre era además no tener derecho a decirlo, había una sola clase de pobres, los pobres de solemnidad, aquellos que debían estar callados como pobres. El silencio era parte de la pobreza. Ahora han cambiado las cosas. La democracia tuvo una época de esplendor económico, se equilibraron los ingresos y se equilibraron los derechos; ya se podía protestar, ya se podía ir a la educación pública, se podía ir a los hospitales, se podía confiar en lo público. Un país es rico, o justo, cuando lo público no es la caridad sino el derecho a utilizar lo público. Entiendo lo que dices, me fijo en las estadísticas, que escalofrían. El domingo le expliqué a un político argentino cuál es el porcentaje de jóvenes sin empleo y le dije la verdad, 55%; él entendió 95%. Me alarmó que considerara normal haber entendido eso; es decir, consideró que eso era posible. Lo peor de ese porcentaje (55%) no es que exista, que ya es grave, sino que aumente, y que aumente incluso hasta los niveles que creía posibles mi amigo argentino. Allí observé que hay billetes de cada una de las monedas, prácticamente. Me fijé, también, que la gente cuenta hasta las propinas. Cuando volví a Madrid me descubrí haciendo lo mismo, contando moneda a moneda a ver si llegaba para pagar el transporte. La pobreza llega cuando empiezas a contar y no llegas; estamos en ese punto, hemos dejado de ser tan confiados con las monedas y hemos empezado a desconfiar de la vuelta que te dan en los taxis y en las guaguas. Somos más pobres; ahora toca abrocharse la esperanza para que ésta no se te desparrame.

El revés y el derecho: Iñaki Azkuna

Esto es lo que le escribí a Juan Cruz, y acto seguido su respuesta, en la edición dominical de Diario de Avisos.

Adiós, alcalde, y gracias – Por Juan Manuel Bethencourt

Sobrecoge, querido Juan, la despedida del alcalde Iñaki Azkuna, regidor de Bilbao, fallecido el pasado jueves tras una larga batalla contra el cáncer: “Gracias a todos por haberme ayudado y soportado”. No, querido alcalde, gracias a ti. No se me ocurre otra respuesta, ya no de los propios vecinos de la capital vizcaína, sino del municipalismo español en su conjunto. La dimensión política y humana de Azkuna alcanza dimensión internacional, no en vano fue galardonado hace unos meses como el mejor alcalde del mundo, reconocido por una organización internacional que evalúa la gestión municipal en las urbes del planeta. Médico de profesión, Iñaki Azkuna fue un político nacionalista que hizo de su condición cosmopolita una herramienta para cambiar la faz de una ciudad sin dejar de respetar su esencia. Y eso es gobernar, querido amigo: partir del pasado para mejorar el presente y construir el futuro. Bajo su mandato, Bilbao experimentó la transformación que sólo un soñador indomable es capaz de hacer realidad. Su éxito fue, en primera instancia, tener una visión y ser capaz de comunicarla, de convencer por tanto a sus conciudadanos, de modo que fuera esa acción colectiva la generadora de un cambio que hoy está a la vista. Azkuna se definía como un vecino más, pero era mucho más que eso: era un agitador, porque no entendía otro modo de concebir la gestión, siempre adelante, siempre intentando mejorar, asumiendo riesgos. Fue, por otro lado, un gran hombre, una persona cercana y bondadosa, un verso suelto en el mejor sentido del término, porque, siendo como era uno de los baluartes del PNV, nunca se anduvo con medias tintas respecto a la violencia de ETA y sus secuaces totalitarios. Recuerdo ahora algunas conversaciones que tuve contigo respecto a su figura y su legado. Y recuerdo una cena con mi familia en su restaurante predilecto, La Viña, cuyo propietario, Abelardo García, me habló también sobre la grandeza cercana del alcalde Azkuna. Por cierto, creo que fue la mejor cena de mi vida.

Una persona muy especial – Por Juan Cruz

Quisiste llevarlo a La Laguna; no pudo ser, Juan Manuel. Y lamento muchísimo que no lo hayas conocido. Hay personas así en la vida y entre los que hacen política y servicio público. El jueves por la noche murió Iñaki Azkuna, el alcalde de Bilbao; transformó su ciudad, y la hizo como él, abierta, alegre y exigente; fue directo y simpático, sincero y comprometido. Hasta el último suspiro de su vida trabajó a favor de los demás, hizo de la amistad una bandera cordial y no dejó nunca de cumplir los dictados libres de su conciencia. Se despidió de sus amigos cuando estimó que su barco estaba partiendo. Una persona muy especial cuya vida pesa con un valor imponente. Quisiste saber de él, conocerlo, hacer que su experiencia fuera compartida por tus colegas y también por los ciudadanos de La Laguna. Ya sabes que la vida tiene estas pautas marcadas, y a él una mala salud le sobrevino muy pronto, en seguida que se murió su mujer, con la que, como decía, tanto discutió y a la que tanto quiso. El último sábado me llamó por teléfono, para despedirse. Jamás había tenido una llamada así; me habló del barco que se iba, de la vida más allá, del rape que íbamos a comernos en ese futuro nebuloso, como aquel rape que tú mismo comiste en el que fue su restaurante favorito, La Viña de Henao. Tenía un gran amor a la vida; jamás se dio por vencido, ni espiritualmente ni intelectualmente, aunque aquel cuerpo le mandaba las señales que finalmente ya la cegaron los días en la víspera de la primavera. Lo quise mucho, era un hombre verdaderamente excepcional, uno de mis mejores amigos, de esos en los que piensas cuando sabes que tu soledad puede tener una puerta abierta de salida.

La RIC y el no relato del PP

Artículo publicado el pasado 21 de marzo, viernes, en Diario de Avisos.

El PP de Canarias tiene un gran problema: su ausencia absoluta de relato sobre los desafíos estratégicos de esta tierra. Esto no ocurre porque en sus filas falten personas eminentes con muchísimas cosas que aportar. Ocurre porque cuando es uno quien decide que tiene que pensar por todos, entonces se produce una automutilación argumental en toda regla. El problema se agrava cuando ese líder supremo, que en este caso es José Manuel Soria, trabaja en función de sus propias ocurrencias, juegos a la contra y compromisos poco claros con actores concretos. El último episodio esperpéntico tiene que ver con la idea, sacada de la manga a última hora, sobre la posibilidad de invertir en África las bonificaciones fiscales procedentes de la Reserva para Inversiones en Canarias (RIC). El PP canario lo anunció a bombo y platillo, su diputado Miguel Cabrera lo criticó de inmediato y el ministro Montoro lo ha dejado en veremos, seguramente consciente de la metedura de pata perpetrada por su compañero (pero no precisamente amigo) en el Consejo de Ministros. El Gobierno de Canarias, que trabaja los asuntos con un poco más de seriedad y perspectiva, se ha apresurado a fijar una posición que se defiende por sí sola: los beneficios fiscales para África hay canalizarlos a través de la herramienta de la deducción por inversiones, y no de la RIC. ¿Cuál es la diferencia entre ambas? Pues muy importante. La RIC es un fondo nacido en el ahorro fiscal (se deja de pagar Impuesto sobre Sociedades hasta el 90% del beneficio no distribuido) que luego hay que colocar en inversiones varias; es decir, tengo un dinero que no he pagado a Hacienda y debo decidir dónde lo destino, sean inmuebles en Canarias o deuda pública (¿española?, ¿africana?). La filosofía de la deducción por inversiones es la opuesta: tengo un proyecto de inversión concreto y quiero saber qué incentivos fiscales recibo por ese dinero que inyecto en el tejido productivo real, también para el caso de impulsar la internacionalización de la economía canaria, algo que nos hace mucha falta por cierto. Y, claro, esta sí es una medida muy positiva para desarrollar la inversión en el continente vecino, porque tiene que ver con la economía real, no con esa ingeniería financiera que, por su abuso, ha deteriorado la imagen de una herramienta también útil, pero muy mal utilizada, como es el caso de la RIC. Todo lo señalado es bastante sencillo de entender, y se suponía que el PP canario estaba en la misma línea de sensatez respecto a la reforma del Régimen Económico y Fiscal del Archipiélago. Se suponía, claro, hasta que alguien se empeñó en enredarlo todo.

La guerra por el gas

Artículo publicado el pasado 19 de marzo, miércoles, en Diario de Avisos.

No sin sorna, un amigo me comentaba ayer que en Rusia han tardado menos en anexionarse Crimea de lo que tardamos los ayuntamientos canarios en dar vía libre a una licencia de obra menor. Es lo que tiene la diplomacia de los hechos consumados: a largo plazo puede generar problemas irresolubles, pero a la corta es una cosa infalible. La secuencia ha sido más o menos la siguiente: primero, ocupación de espacios clave en la península de Crimea por parte de fuerzas armadas rusas que, gran novedad en la historia militar, no portaban distintivo alguno; segundo, convocatoria de un referéndum para promover el retorno a Rusia, con fechas que se van adelantando sucesivamente, hasta hacerse irreversible, sin censo electoral verificado ni, por supuesto, ese engorro llamado campaña electoral; tercero, celebración de la consulta, con el resultado previsible; cuarto, declaración oficial de la anexión en un clima de euforia nacionalista y recuperación de las esencias rusas de gran potencia, amamantadas durante siglos y con regímenes políticos de lo más diverso. Esto es lo que hay. ¿Y ahora qué? Pues muy poco va a poder hacer Estados Unidos, salvo las consabidas sanciones que, al estar localizadas en el ámbito personal, tienen muy poco efecto. Otra cosa es articular una guerra económica a gran escala, algo que efectivamente el mundo occidental puede hacer, aunque solamente produciría efectos a largo plazo; ahí está la Guerra Fría como experiencia con los mismos interlocutores. Ocurre sin embargo que en particular Europa anda muy mal pertrechada para afrontar el actual desafío del zar Putin. Un tercio del gas natural que consume la UE viene de Rusia, y ese porcentaje es más elevado en el caso de Polonia, Chequia, Hungría, incluso de Alemania. ¿Vamos a decirles desde España que pasen frío en invierno porque nosotros el gas natural lo compramos en Argelia? Ahora mismo es imposible que la Unión Europea se ponga de acuerdo sobre este asunto, y bien que lo saben los polacos -la experiencia histórica de éstos con Rusia es, digámoslo así, no muy buena-, que trabajan con denuedo por su propia independencia energética fomentando la búsqueda de recursos propios a través del fracking, técnica controvertida que gana apoyos gracias a la geopolítica mundial. La nueva guerra de bloques responde a la dinámica por el control de los hidrocarburos, y su eje ya no está en Oriente Medio, sino en otras latitudes: Asia Central, Brasil y, sí, también la cornisa occidental africana. Lo que ocurre con Crimea nos puede terminar afectando. Mientras tanto, nadie podrá robarle a Putin estos días de gloria. Como dice la primera ley de Robert McNamara sobre la política, la racionalidad no va a salvarnos.

Cuidado con Francia

Artículo publicado el pasado 13 de marzo, jueves, en Diario de Avisos.

Cuando se observan los fenómenos políticos extremistas dentro del territorio de la Unión Europea se alza, a modo de paradoja, el ejemplo de Francia. Claro que en el Reino Unido anida un poderoso sentimiento de recelo hacia el continente, alimentado por sus medios de comunicación más chabacanos y populistas. Sabido es que en el norte de Italia se mantiene pujante un magma de xenofobia interior que concibe a sus compatriotas del sur del país como ladrones y mafiosos, y que, claro está, si recela de lo cercano lo hace aún más de lo lejano. Cierto es que en los Estados del Benelux se ha producido un estallido de resentimiento acorde con la instalación en un territorio relativamente exiguo de población foránea de costumbres ajenas, por lo general demandante de servicios sociales y por tanto fácilmente etiquetada como dependiente y holgazana. Y, en fin, se sabe que el fascismo permanece vivo en sectores concretos de la sociedad de Grecia, que acaso no hizo la terapia sociológica conveniente tras décadas de dictadura militar. Curiosamente ha sido España, un país perfectamente asociado con la brutalidad hacia el extranjero desde tiempo inmemorial, uno de los mejores alumnos de la tolerancia dentro de las fronteras del Viejo Continente, aunque nunca puede confiarse uno respecto a los propios prejuicios y el veneno tóxico que destilan. Pero, ¿y Francia? La república hexagonal se nos aparece con un mensaje oficial y una realidad bien diferente. A priori es el campeón de los derechos ciudadanos, el defensor de la laicidad, de hecho exhibe el orgullo de su propia condición multicolor, el país que ganó un Mundial de fútbol con una alineación plagada de magrebíes (Zidane), caribeños (Thuram), africanos (Vieira), caucásicos (Djorkaeff), con algún rubio galo colado en papel secundario. No obstante, es obligado recordar que es también el primer Estado de la Unión Europea que ha tenido (y tiene) un partido político de ultraderecha con cierta implantación social, competitivo en elecciones municipales. Si el Frente Nacional no llegó más lejos fue por el corte presidencialista del sistema electoral francés, que sólo hace sitio a un partido de derechas, el gaullista que encarnaron Giscard, Chirac y en última instancia Sarkozy. Esto, mucho ojo, puede cambiar, pues el desplome del conservadurismo mayoritario, patente desde la derrota de Sarkozy en las presidenciales de 2012, está abriendo las puertas a opciones más inquietantes para un país que es mucho más conservador de lo que quiere reconocer o lo que se observa por el turista en los bulevares de París. ¿Es imposible que Marine Le Pen sea la próxima presidenta de Francia? No, ya no lo es, y habrá que preguntarse qué ha hecho mal la política moderada para abrir la puerta a esa opción.

El día de la fractura

Artículo publicado el pasado 12 de marzo, miércoles, en Diario de Avisos.

El día de la mayor tragedia de nuestra democracia, la matanza terrorista del 11 de marzo de 2004 en Madrid, fue también el germen de la mayor fractura experimentada por nuestra Historia reciente. Con el paso del tiempo, y ayer se cumplieron 10 años de aquello, tendemos a sacralizar los momentos, también a idealizarlos. El expresidente Rodríguez Zapatero lo hizo hace unos días, en una interesante entrevista con motivo de la efeméride. Beneficiario directo de la conmoción provocada por el desastre, aunque nunca lo ha admitido siquiera implícitamente, Zapatero pronuncia ahora palabras cargadas de prudencia, y se lo puede permitir, porque también en aquella hora funesta se manejó con indudable responsabilidad, aspecto que le diferencia de José María Aznar y su grosero manejo de un acontecimiento tan luctuoso. Como es sabido, el ardid salió al revés al confirmarse que los autores del atentado en los trenes no tenían nada que ver con ETA, sino con el terrorismo yihadista. Y aquel hecho, coincidente con la guerra de Irak y la presencia de Aznar en la foto de las Azores, fue determinante a la hora de visualizar la eventual responsabilidad política de lo ocurrido. Ahora se sabe, claro está, que la masacre se hubiera producido aun sin elecciones, y seguramente sin el apoyo que el Gobierno español prestó a la aventura bélica de Bush & Blair. Así que, 10 años más tarde, deberíamos superar de una vez la teoría del terrorista favorito, que durante una década ha envenenado el debate político español, como si el PP fuera responsable del atentado islamista, porque lo hubiera sido el PSOE en el caso de autoría etarra. Esta fractura entre demócratas, tendente a responsabilizar al adversario político de una masacre semejante y rentabilizarlo electoralmente, es sin duda la peor página de nuestro expediente democrático reciente. Recuerdo aquellos días como agónicos, por la ingente tarea que supuso afrontar el hecho noticioso incluso desde una humilde redacción de provincias, ni más ni menos que la de este periódico. Hicimos un buen trabajo, que hoy agradezco a todos los que compartimos horas de esfuerzo sazonadas por el espanto que producían los hechos relatados. Pero sobre todo recuerdo la tristeza del sábado 13 por la tarde, cuando, tras las detenciones en Lavapiés, el país entero se vio movido por una convulsión política que desmentía la unidad expresada en la calle durante las manifestaciones del día anterior. El turbio aroma del reproche acompañó aquellos días trágicos, primero en un sentido, luego en otro, así hasta la cita de las urnas el domingo 14. Nunca, nunca más una fractura entre demócratas a cuenta del sufrimiento de todo un país. A ver si lo aprendemos de una vez.