Economía

Repsol, Imaz, sentido común

Articulo publicado el 8 de mayo de 2014, jueves, en Diario de Avisos.

Dentro del giro mayúsculo que están experimentando los acontecimientos del proyecto petrolero de Repsol en aguas cercanas a Canarias, con un derrotado evidente, el ministro Soria, y un ganador igual de obvio, el interés general del Archipiélago, hay otros movimientos que apuntan a un planteamiento más razonado y razonable de esta cuestión. Uno de ellos afecta incluso a la cúpula de la propia multinacional, tras el reciente nombramiento de Josu Jon Imaz como consejero delegado de la misma. El expresidente del PNV, en la actualidad presidente de la filial vasca de Repsol, Petronor, fue un verso suelto de la política en la mejor definición del término. Renunció a las ambigüedades propias de su partido en la repulsa al terrorismo de ETA, y llegó tan lejos en el esfuerzo reformista del nacionalismo vasco que su predecesor, el inmovilista Xabier Arzalluz, terminó por urdir una maniobra para sacarlo de aquel despacho, aun a costa de colocarlo en otro del ámbito privado, una jaula de oro desde la cual Imaz ha contemplado cómo uno de sus aliados, Íñigo Urkullu, alcanzaba primero el poder en el PNV y más tarde el cargo de lehendakari. Esta clase de detalles son importantes porque definen el perfil del nuevo lugarteniente de Antoni Brufau al frente de Repsol: un tipo dialogante, que entiende el hecho autonómico, militante de un partido que ya ha tenido que posicionarse sobre un proyecto de explotación de hidrocarburos en su territorio. El Gobierno del País Vasco ha autorizado la extracción de gas de pizarra en su subsuelo, incluso mediante la controvertida técnica del fracking, pero lo ha hecho sentando ciertas bases elementales que se parecen mucho a los argumentos expuestos hace unos días por Paulino Rivero ante Mariano Rajoy: estos temas se debaten ampliamente, tanto políticamente como ante la sociedad, y no valen las prisas ni las decisiones unilaterales; y, en todo caso, los beneficios colectivos deben quedar muy claros, no en las nebulosas que tanto le gustan al ministro de Industria y aún líder del PP canario. Repsol, por boca de su presidente, se equivocó de plano al llevarse por Soria y venir a las Islas con la actitud del caudillo colonizador. Líderes con la calidad intelectual de Josu Jon Imaz recibirán, o eso esperamos algunos, el encargo de corregir tanto desafuero en beneficio de la legalidad, del Estado de Derecho, de la participación y del interés público. Es sencillo de entender, y ayer quedó claro en el debate del Senado; el PP, tras anunciar oficiosamente un acuerdo para la suspensión de los sondeos, se echó atrás y sufrió una quiebra en su unidad de voto. Pero, le guste o no a José Manuel Soria, sus presiones no irán demasiado lejos.

Un REF para todos

Artículo publicado el 7 de mayo de 2014, miércoles, en Diario de Avisos.

La reforma del REF que el Gobierno canario ha liderado durante los últimos años toma cuerpo, ya con el beneplácito del Ejecutivo central, lo que quizá pueda molestar a alguien, pero está dentro de la lógica de la buena colaboración entre personas responsables. Es el saldo de la reunión reciente entre Paulino Rivero y Mariano Rajoy. Y además la reforma camina en la dirección adecuada, la que nos lleva a considerar el fuero canario como una herramienta útil para la economía real, no para sectores ni agentes concretos. Si alguna losa ha pesado sobre la normativa aprobada en el ya lejano 1994 es su condición de ley selectiva, porque el ciudadano medio de las Islas terminó por concluir, y con cierta razón, que aquello del REF era cosa de potentados. La Reserva para Inversiones, por ejemplo, permitió la autofinanciación empresarial durante los años de bonanza, pero no diversificó la economía ni sirvió posteriormente como instrumento anticrisis, pues simplemente no había beneficios que deducir. Una reforma como la que está en curso, que pone el acento en la pequeña empresa y la creación de empleo, supone un elemento más a favor de la democratización del mercado, de la expansión de las oportunidades y el estímulo a la creatividad, porque nuestro tejido social necesita no menos empresarios, sino más, aunque también debe combatir los intereses creados y los oligopolios enquistados, aquellos que no quieren que nada cambie. En busca de la tan necesaria internacionalización de la economía regional, aparece la novedad de una bonificación fiscal para quienes inviertan en África, pero no desde la perspectiva de la deslocalización de grandes corporaciones, sino del apoyo a los emprendedores: una medida destinada a pymes que abran en los países de nuestro entorno y amplíen sus plantillas en las Islas, precisamente por las nuevas oportunidades que ofrece el escenario cercano, y no al revés. También se afirma, y con razón, que Canarias no es lo suficientemente atractiva para la inversión foránea, lo cual tiene que ver con la Zona Especial y la incertidumbre sobre la durabilidad de sus incentivos. Y aquí el nuevo REF también experimenta un gran avance: extensión de los incentivos fiscales hasta el año 2030, posibilidad de inscribir sociedades ZEC hasta 2020, eliminación de los límites al incentivo fiscal (se paga el 4% de impuestos) siempre que se generen más de cincuenta puestos de trabajo en las Islas, supresión de los límites físicos para establecer una empresa, etcétera. Hay cosas que se quedan en el tintero, como las bonificaciones a la Seguridad Social, una batalla que Canarias deberá seguir librando para disponer de un marco más centrado en la economía del futuro, que por necesidad tendrá que ser una economía inclusiva, es decir, para todos.

El revés y el derecho: la desigualdad, esa lacra

Esto es lo que escribí a Juan Cruz, y acto seguido su respuesta, en la edición dominical de Diario de Avisos del 4 de mayo de 2014.

El naufragio del casino – Por Juan Manuel Bethencourt

Canta la fanfarria política que la crisis ha terminado y que, gracias a las curas de caballo implementadas en 2012 y 2013, se pudo evitar el rescate de España y, eventualmente, un sacrificio aún mayor. Este, querido Juan, es un ardid tan viejo como el tiempo: la amenaza de un dolor superior es un poderoso incentivo para tolerar el sufrimiento presente. Es cierto que España, en su conjunto, no fue rescatada; lo fue su sistema financiero, drogado por los excesos que todos contemplamos y nadie frenó, y la factura ha salido por 40.000 millones de euros que en efecto puso Europa, pero a préstamo que pagarán no los propios bancos salvados del naufragio, sino todos los españoles a tocateja y con el correspondiente tipo de interés. De modo que al final fueron los propios españoles los que rescataron a su aristocracia económica, a los poderosos que dirigen las grandes corporaciones, y todo ello sin que se haya producido una mínima autocrítica desde las altas esferas. El resultado de todo ello es la consolidación de la teoría del riesgo moral: si estoy en lo más granado del casino financiero y me lo juego todo, lo hago en la certeza de que alguien vendrá a auxiliarme para evitar la caída, de modo que arriesgo una y otra vez, porque si gano soy un genio y si pierdo sólo soy otro banquero rescatado por los sufridos contribuyentes. España es, hoy, el país del primer mundo que muestra un mayor crecimiento de la desigualdad, lo cual supone la quiebra del papel redistribuidor, no de dinero sino de oportunidades, que se supone en la base del Estado Social de Derecho y de la democracia misma. Un economista francés teoriza sobre ello en un libro que bate récords de venta en su versión inglesa. Ese economista es Thomas Piketty, y el ensayo se titula El capital en el siglo XXI. Creo que se trata de una lectura recomendable, como lo es ese anunciado nuevo libro de Juan Ignacio Crespo, ciertamente un analista económico brillante, en el que describe el mundo excesivo de nuestras fenecidas cajas de ahorros.

El precio de vivir – Por Juan Cruz

Vengo de Argentina, donde ahora todo cuesta más caro. Y antes volví de México, donde decía el gran cantante José Alfredo Jiménez que la vida no vale nada. En la posguerra nuestra, ya sabes, vivir era sobrevivir. Los caciques y los ricos vivían bien, nos daban regalos a los niños pobres; ser pobre era, también, aceptar que te lo dijeran, que te lo pusieran de manifiesto. La pobreza ha cambiado de signo; ya no son pobres sólo los que son rematadamente pobres. En aquel tiempo, cuando ser pobre era además no tener derecho a decirlo, había una sola clase de pobres, los pobres de solemnidad, aquellos que debían estar callados como pobres. El silencio era parte de la pobreza. Ahora han cambiado las cosas. La democracia tuvo una época de esplendor económico, se equilibraron los ingresos y se equilibraron los derechos; ya se podía protestar, ya se podía ir a la educación pública, se podía ir a los hospitales, se podía confiar en lo público. Un país es rico, o justo, cuando lo público no es la caridad sino el derecho a utilizar lo público. Entiendo lo que dices, me fijo en las estadísticas, que escalofrían. El domingo le expliqué a un político argentino cuál es el porcentaje de jóvenes sin empleo y le dije la verdad, 55%; él entendió 95%. Me alarmó que considerara normal haber entendido eso; es decir, consideró que eso era posible. Lo peor de ese porcentaje (55%) no es que exista, que ya es grave, sino que aumente, y que aumente incluso hasta los niveles que creía posibles mi amigo argentino. Allí observé que hay billetes de cada una de las monedas, prácticamente. Me fijé, también, que la gente cuenta hasta las propinas. Cuando volví a Madrid me descubrí haciendo lo mismo, contando moneda a moneda a ver si llegaba para pagar el transporte. La pobreza llega cuando empiezas a contar y no llegas; estamos en ese punto, hemos dejado de ser tan confiados con las monedas y hemos empezado a desconfiar de la vuelta que te dan en los taxis y en las guaguas. Somos más pobres; ahora toca abrocharse la esperanza para que ésta no se te desparrame.

La RIC y el no relato del PP

Artículo publicado el pasado 21 de marzo, viernes, en Diario de Avisos.

El PP de Canarias tiene un gran problema: su ausencia absoluta de relato sobre los desafíos estratégicos de esta tierra. Esto no ocurre porque en sus filas falten personas eminentes con muchísimas cosas que aportar. Ocurre porque cuando es uno quien decide que tiene que pensar por todos, entonces se produce una automutilación argumental en toda regla. El problema se agrava cuando ese líder supremo, que en este caso es José Manuel Soria, trabaja en función de sus propias ocurrencias, juegos a la contra y compromisos poco claros con actores concretos. El último episodio esperpéntico tiene que ver con la idea, sacada de la manga a última hora, sobre la posibilidad de invertir en África las bonificaciones fiscales procedentes de la Reserva para Inversiones en Canarias (RIC). El PP canario lo anunció a bombo y platillo, su diputado Miguel Cabrera lo criticó de inmediato y el ministro Montoro lo ha dejado en veremos, seguramente consciente de la metedura de pata perpetrada por su compañero (pero no precisamente amigo) en el Consejo de Ministros. El Gobierno de Canarias, que trabaja los asuntos con un poco más de seriedad y perspectiva, se ha apresurado a fijar una posición que se defiende por sí sola: los beneficios fiscales para África hay canalizarlos a través de la herramienta de la deducción por inversiones, y no de la RIC. ¿Cuál es la diferencia entre ambas? Pues muy importante. La RIC es un fondo nacido en el ahorro fiscal (se deja de pagar Impuesto sobre Sociedades hasta el 90% del beneficio no distribuido) que luego hay que colocar en inversiones varias; es decir, tengo un dinero que no he pagado a Hacienda y debo decidir dónde lo destino, sean inmuebles en Canarias o deuda pública (¿española?, ¿africana?). La filosofía de la deducción por inversiones es la opuesta: tengo un proyecto de inversión concreto y quiero saber qué incentivos fiscales recibo por ese dinero que inyecto en el tejido productivo real, también para el caso de impulsar la internacionalización de la economía canaria, algo que nos hace mucha falta por cierto. Y, claro, esta sí es una medida muy positiva para desarrollar la inversión en el continente vecino, porque tiene que ver con la economía real, no con esa ingeniería financiera que, por su abuso, ha deteriorado la imagen de una herramienta también útil, pero muy mal utilizada, como es el caso de la RIC. Todo lo señalado es bastante sencillo de entender, y se suponía que el PP canario estaba en la misma línea de sensatez respecto a la reforma del Régimen Económico y Fiscal del Archipiélago. Se suponía, claro, hasta que alguien se empeñó en enredarlo todo.

La guerra por el gas

Artículo publicado el pasado 19 de marzo, miércoles, en Diario de Avisos.

No sin sorna, un amigo me comentaba ayer que en Rusia han tardado menos en anexionarse Crimea de lo que tardamos los ayuntamientos canarios en dar vía libre a una licencia de obra menor. Es lo que tiene la diplomacia de los hechos consumados: a largo plazo puede generar problemas irresolubles, pero a la corta es una cosa infalible. La secuencia ha sido más o menos la siguiente: primero, ocupación de espacios clave en la península de Crimea por parte de fuerzas armadas rusas que, gran novedad en la historia militar, no portaban distintivo alguno; segundo, convocatoria de un referéndum para promover el retorno a Rusia, con fechas que se van adelantando sucesivamente, hasta hacerse irreversible, sin censo electoral verificado ni, por supuesto, ese engorro llamado campaña electoral; tercero, celebración de la consulta, con el resultado previsible; cuarto, declaración oficial de la anexión en un clima de euforia nacionalista y recuperación de las esencias rusas de gran potencia, amamantadas durante siglos y con regímenes políticos de lo más diverso. Esto es lo que hay. ¿Y ahora qué? Pues muy poco va a poder hacer Estados Unidos, salvo las consabidas sanciones que, al estar localizadas en el ámbito personal, tienen muy poco efecto. Otra cosa es articular una guerra económica a gran escala, algo que efectivamente el mundo occidental puede hacer, aunque solamente produciría efectos a largo plazo; ahí está la Guerra Fría como experiencia con los mismos interlocutores. Ocurre sin embargo que en particular Europa anda muy mal pertrechada para afrontar el actual desafío del zar Putin. Un tercio del gas natural que consume la UE viene de Rusia, y ese porcentaje es más elevado en el caso de Polonia, Chequia, Hungría, incluso de Alemania. ¿Vamos a decirles desde España que pasen frío en invierno porque nosotros el gas natural lo compramos en Argelia? Ahora mismo es imposible que la Unión Europea se ponga de acuerdo sobre este asunto, y bien que lo saben los polacos -la experiencia histórica de éstos con Rusia es, digámoslo así, no muy buena-, que trabajan con denuedo por su propia independencia energética fomentando la búsqueda de recursos propios a través del fracking, técnica controvertida que gana apoyos gracias a la geopolítica mundial. La nueva guerra de bloques responde a la dinámica por el control de los hidrocarburos, y su eje ya no está en Oriente Medio, sino en otras latitudes: Asia Central, Brasil y, sí, también la cornisa occidental africana. Lo que ocurre con Crimea nos puede terminar afectando. Mientras tanto, nadie podrá robarle a Putin estos días de gloria. Como dice la primera ley de Robert McNamara sobre la política, la racionalidad no va a salvarnos.

Cotizaciones

Artículo publicado el pasado día 7, viernes, en Diario de Avisos.

Dos años más tarde, el Gobierno de Mariano Rajoy ha adoptado una medida de política económica que francamente se hacía esperar. Es la rebaja de las cotizaciones sociales para nuevos empleados, tendente a impulsar la contratación en términos más asequibles para el empleador, es decir, a hacer más competitivo el trabajo y no por la vía utilizada hasta la fecha, la rebaja de salarios como condena y su consecuencia, la deflación, que lo único que hace es engordar el déficit público y privado. En este aspecto hay que decir que el Ejecutivo estatal del PP se mueve en términos contradictorios -anuncia rebajas de cotizaciones, pero también le sube la factura a los autónomos-, y sería bueno que se aclarara, que apostara de una vez por las pequeñas empresas y los nuevos emprendedores, que son quienes crean empleo en este país. Una política económica centrada en lo que pidan las grandes corporaciones, las empresas del Ibex-35 y las entidades financieras -Repsol, Bankia, ustedes saben de lo que estamos hablando-, no nos va a sacar de la crisis ni supone repartir de modo equitativo la pesada mochila de esta gran recesión. Insisto, democratizar el mercado, hacerlo más transparente, es el camino no sólo de la recuperación, sino de la credibilidad para nuestro capitalismo, que se ha dejado muchos jirones en intereses creados con mando y plaza en el BOE. Lo que necesita España es lo contrario, más acceso a las oportunidades, recuperar el concepto de equidad, que da sustento a todo el edificio no sólo económico, sino también democrático. Eso incluye, por cierto, una reforma fiscal capaz de recaudar más sin lastrar siempre a los mismos, es decir, a las rentas del trabajador. Más base imponible y menos deducciones producto de los grupos de presión organizados y con influencia en la política española. ¿Y en Canarias? Hay una medida que figura en la agenda de nuestro Régimen Económico y Fiscal, ese que estamos reformando para impulsar la creación de empleo en el Archipiélago. Es la bonificación del 50% en las cuotas de la Seguridad Social para los trabajadores residentes en las Islas, tal y como se hace, por ejemplo, en Ceuta y Melilla. Es una medida de impulso de la demanda de primer orden, pues hace más competitivo el empleo sin perder poder adquisitivo, que ya tenemos en Canarias los salarios más bajos de media de todo el territorio español. Y además es una medida perfectamente asumible por la caja única de la Seguridad Social, de la cual, por cierto, Canarias es un contribuyente neto gracias a su pirámide poblacional. Es un asunto crucial que merece un consenso político y social firme.

Propaganda versus realidad

Artículo publicado el pasado día 3, lunes, en Diario de Avisos.

El alegato, absolutamente previsible, de Mariano Rajoy en el Debate sobre el Estado de la Nación señala a la recuperación económica como gran activo del PP dos años y medio después de haber alcanzado el poder con mayoría absoluta. Tras haber volatilizado desde primera hora su programa electoral, porque esta crisis no tenía ni tiene nada que ver con la de los años noventa, el presidente del Gobierno central se encomienda a los señuelos: promete que la creación de empleo volverá, aunque no se sabe cuánto ni sobre todo cuándo; anuncia rebajas de impuestos para, claro está, el año electoral, aunque el endeudamiento del Reino de España no ha dejado de crecer y alcanza ya registros récord. La mejoría en la prima de riesgo, por la acción coordinada del Banco Central Europeo, es un buen argumento, pero no sienta las bases de la recuperación económica. Para lograrlo son precisas medidas de corte expansivo a escala comunitaria que el Gobierno alemán, muy satisfecho con su déficit cero, no está dispuesto a permitir. Ahora mismo el triunfalismo del PP está poco justificado: lo peor ha pasado, el rescate ya no es una amenaza, para empezar porque no lo es para ningún Estado de la zona euro. Pero el resto de indicadores se mantiene igual, y lo peor es que estarán así durante bastante tiempo. No hay un crecimiento de la demanda interna en perspectiva, si acaso las empresas ya han producido su devaluación interna -menores márgenes, menos empleados-, y sin duda es el sector financiero el mayor beneficiado por las medidas anticrisis tomadas en España y Europa. Cruel paradoja: el auxilio más consistente, la gran medida intervencionista del mandato de Rajoy, han sido los 40.000 millones de euros que la UE nos ha prestado a todos -somos todos los españoles los obligados a pagar la factura,con sus correspondientes intereses- para sanear los errores de la etapa precedente. Esta mochila habrá que soltarla poco a poco, con un enorme sacrificio colectivo que a su vez compromete el vigor de esa recuperación económica tan endeble como bien publicitada. Hay múltiples ejemplos de recesiones que no vienen continuadas por un frenesí del crecimiento, sino con una década entera de comportamiento letárgico de la economía. Y las reformas que podrían evitarlo, las de verdad, las que se tienen que adoptar en Berlín, Bruselas, Fráncfort y Madrid, están muy lejos de la agenda política. Es entendible el empeño de Rajoy por explicarse a sí mismo como el hombre que evitó el desastre; desde el punto de vista electoral, se trata de un recurso obvio. Pero, experto como es, debe conocer la clamorosa discrepancia entre propaganda y realidad.

González Pons y el petróleo

Artículo publicado el pasado día 3, lunes, en El Huffington Post.

El vicesecretario de Estudios y Programas del PP, Esteban González Pons, aplicó el pasado domingo un rejo mortal al proyecto petrolero de José Manuel Soria en aguas cercanas a Canarias. Lo hizo con frases contundentes, referidas a los sondeos con idéntico fin que, según el propio PP, ponen en riesgo el medio natural y las actividades turísticas en la Comunidad Valenciana y Baleares. Ojo, es un destacado dirigente de la calle Génova el que pronuncia palabras como estas: “Probablemente hay petróleo en el Golfo de Valencia, pero es mejor no saberlo, porque si algún día alguien va a buscarlo, ese día acabará el turismo en la Comunidad Valenciana y Baleares”. Y ahora, que venga el ministro de Industria, y de su mano sus lugartenientes conservadores en nuestro archipiélago [Canarias], a afirmar que en realidad la extracción de crudo es muy buena para el turismo. Lo cierto es que es el propio PP el que se ha ubicado en una posición indefendible, porque quieren para Canarias lo que rechazan de plano en otros territorios de España. Tramitan unas autorizaciones chapuceras pergeñadas a toda prisa y encima pretenden impedir que la sociedad de las Islas emita libremente su criterio sobre un asunto de indudable carácter estratégico. Pero aunque al pueblo canario se le pretenda excluir de este debate, hay algunos que sí se pronuncian, y su alegato, como ocurre con el ejemplo de González Pons, es muy elocuente. Hay más casos. Simón Pedro Barceló es un destacadísimo empresario turístico de Baleares, cabeza visible de un grupo con importantes intereses en todo el mundo, Canarias incluida. No se puede decir que sea un ecologista fanático ni se conoce nada sobre su afiliación a Greenpeace, pero sí es conocido que estuvo en política y fue senador, en las filas, claro, del PP. Hace un par de años le escuché una conferencia en Tenerife, en abierta y entusiasta defensa de las recetas económicas aplicadas por el Gobierno de Mariano Rajoy. Pero en este asunto del petróleo ha hablado muy claro, en contra de las prospecciones, con un mensaje tan nítido como el emitido por otros portavoces muy cualificados del empresariado turístico balear, caso de, ahí es nada, Carmen Riu, Miguel Fluxá y Sebastián Escarrer. Ha quedado claro el criterio de lo más granado de la aristocracia turística española, y, obviamente, a partir de ahí lo que vale para Ibiza tiene que valer para Fuerteventura y Lanzarote. José Manuel Soria se ha quedado solo, con la escasa pero calurosa ayuda del propio beneficiario del invento, es decir, de Repsol. ¿A qué esperan los dirigentes del PP canario para seguir la senda que González Pons acaba de marcar?

Más ideas, más empresas

Artículo publicado ayer, día 18, en Canarias 7.

El municipio de La Laguna dio de alta un total de 659 nuevas actividades a lo largo del recién finalizado 2013, según los datos oficiales de la Gerencia Municipal de Urbanismo. ¿Son estos números positivos? Dicen algunos manuales de Sociología que las realidades se miden por comparación; si esto es cierto, hay que añadir que en 2012 fueron 361, lo que nos ofrece un incremento de 298 nuevas licencias en el término municipal.
Cuando escucho, por boca de muchos interlocutores, entre ellos no pocos amigos de la isla de Gran Canaria, elogios a “lo bien que va La Laguna”, admito que me gusta racionalizar el alegato para afirmar tres cosas. La primera, que por fortuna nuestro municipio es más, mucho más, que su hermoso casco histórico; de hecho, las estadísticas citadas al principio revelan un crecimiento homogéneo de la actividad en todo el territorio lagunero, desde Valle de Guerra a San Matías. La segunda, que en Aguere tenemos tantos problemas como en cualquier otro lugar de nuestra tierra, porque no hay burbujas que puedan escapar a la dureza de una crisis económica como la que todos seguimos soportando. La tercera, y creo que la más relevante, tiene que ver con la actitud a tomar frente a las adversidades del presente.
Y ahí es donde hay que poner el acento a la hora de evaluar las cifras oficiales. Pues puede ser cierto que, con aciertos y errores, la Administración lagunera ha sabido evolucionar hacia lo que es hoy, un facilitador de las iniciativas ciudadanas con pleno respeto a la normativa vigente. Pero detrás de cada licencia concedida por comunicación previa, sea un comercio creativo en el casco o un gimnasio de barrio, hay siempre un sueño convertido en lección de coraje. Cada día más, y acaso como la única consecuencia positiva de esta maldita crisis, jóvenes y mayores de nuestro municipio deciden que el futuro está en la puesta en marcha de una actividad representativa de una pasión hecha oficio; aquello a lo que quizá no se atrevieron en tiempos de bonanza se convierte ahora en prometedora realidad. Son estos batalladores emergentes, los emprendedores en tiempos difíciles, quienes merecen nuestro agradecimiento y homenaje. Pienso sinceramente que la democratización del mercado, más oportunidades en igualdad para todos, es la estrategia correcta en tiempos que amenazan una creciente desigualdad. Y para el saldo global de una ciudad siempre es mejor acoger a 600 nuevas empresas que a una sola aunque traiga 600 empleados bienvenidos.
Por otra parte, y abundando sobre estos datos de actividad económica en La Laguna, hay algunas cosas dignas, asimismo, de reseña. Lo señaló el alcalde Fernando Clavijo en su conferencia de hace unas semanas en Las Palmas: nuestro porcentaje de trabajadores autónomos (15,1% de trabajadores por cuenta propia, el 6,90% de los dados de alta en el Archipiélago) es superior a la media de Canarias, ya de por sí mayor que la misma cifra a escala estatal. Esto es un síntoma excelente para cualquier ámbito que aspire a ser generador de oportunidades, y más en una época tan difícil como la actual. Lo que afirmó Clavijo es que La Laguna quiere asentarse como un destino atractivo “para todos aquellos que quieren ser dueños de su vida”, y que concluyen que el mejor camino hacia dicha aspiración pasa, como decía al principio, por el emprendimiento. Lograrlo no es un camino de rosas, hay que aclararlo también, y menos tras los incrementos tributarios impuestos, contra toda lógica, por el Gobierno estatal del PP.
Lo cierto es que desde la perspectiva laboral compartimos un contexto extraño, cambiante, de plena adaptación profesional e incluso psicológica. El empleado por cuenta ajena de ayer se esfuerza hoy por abrirse camino como profesional independiente, o, así se dice ahora, como microemprendedor. Trabaja muy duro para clientes más o menos numerosos, con toda la zozobra que supone este hecho. Unos están más acostumbrados porque lo hicieron toda la vida, otros se ven forzados al reciclaje. El mismo ejercicio periodístico es un buen ejemplo; cada día más me encuentro con antiguos compañeros que buscan su espacio a base de colaboraciones diversas. Otros se lanzan en pos de las oportunidades que ofrecen los nuevos yacimientos de empleo, los trabajos del sector creativo, de la economía del siglo XXI.
Tenemos, insisto, que seguir abundando en esta senda, las oportunidades para todos y el premio al esfuerzo y el talento, cuestión que acaba de ser teorizada por el economista Luis Garicano en un libro, El dilema de España, muy interesante y aleccionador. El papel de las administraciones públicas, de todas las administraciones, está muy claro: igualdad de trato, máxima agilidad con pleno respeto a la normativa, un poco de empatía, ponernos en el lugar del otro, porque, como señala el citado experto, profesor de la London School of Economics, “España tiene el menor grado de aceptación del capitalismo entre los países de nuestro entorno porque la gente tiene la percepción de que las cosas funcionan a base de chanchullos”. Y, en ese sentido, aquellos que tomamos decisiones en el servicio público estamos bajo la lupa colectiva. Porque la confianza también es un activo económico.

Panamá y la imagen de España

Artículo publicado el pasado día 9, domingo, en El Huffington Post.

Mucho se ha escrito en las semanas precedentes sobre el impacto que el conflicto de Sacyr en la ampliación del Canal de Panamá puede suponer para la imagen de la gran empresa española en Latinoamérica. La cosa no pinta bien, peor aún desde la reciente ruptura de las negociaciones entre la autoridad del Canal y el consorcio adjudicatario del proyecto. Desde luego, la condición icónica de esta infraestructura, una especie de gloria nacional recuperada de las garras de Estados Unidos, permite afirmar que no se podía elegir peor escenario para el encontronazo entre una gran compañía española y un gobierno iberoamericano. La repercusión es máxima y los intereses contrapuestos afectan a terceros. A la expectativa están los ganadores a río revuelto, como lo estuvieron a raíz de la colisión de intereses entre el Gobierno de Argentina y la multinacional petrolera Repsol a cuenta de la expropiación de YPF. Claro que en aquel caso era la empresa española la claramente agredida por la deriva nacionalista-escapista del gobernante de turno. En el conflicto de Panamá las cosas parecen muy distintas.
Hay que andarse con ojo con la imagen que el capitalismo español transmite cuando sale de compras. O de ventas. El profético Roberto Mangabeira Unger, sin duda el pensador latinoamericano más lúcido del momento, dejó escrito esto en 2006: “En muchos países latinoamericanos de hoy, las empresas españolas son vistas con desconfianza. Estas compañías se caracterizan por una falta de compromiso con los países que las acogen, manifiestan una falta de esfuerzo para hacer más densos los vínculos con las economías locales y transferir tecnologías y conocimientos, y una falta de compromiso con la gente, que se traduce en seguir manteniendo el control de los puestos directivos en manos de españoles y de una falta de preocupación con las cualificaciones de los nacionales. Es una actitud que se reduce a entrar, ganar dinero y mandar el dinero de vuelta. La disposición de los países latinoamericanos para tolerar este mercantilismo miope de las empresas españolas está disminuyendo rápidamente”. El jurista brasileño, ex ministro con Lula y que fuera profesor de Barack Obama en la facultad de Derecho de Harvard, nos advierte sobre algo que ahora se pone de manifiesto: lo que hace Sacyr en Panamá, su recurso a ese habitual argumento de gran empresa constructora, la puja a la baja para ganar el contrato y luego ir revisando sobre la marcha, por la vía de los hechos, revela un modo de conducta muy propio del sector pero que a veces funciona y a veces no. Básicamente depende de la firmeza del interlocutor que está al otro lado de la mesa. Las empresas suelen confiar en el método porque juegan con la ansiedad de sus interlocutores: hay plazos que cumplir, a veces elecciones que ganar y, como ocurre en el Canal, expectativas económicas monstruosas, de alcance planetario, que quizá justifican el pago del sobreprecio. Esto lo deben decidir los rectores del Canal de Panamá, que por el momento se mantienen en sus trece, ceñidos a un contrato firmado que obliga a ambas partes. Es un poco triste decirlo, pero en este embrollo los panameños parecen suizos y con su conducta firme dejan en muy mal lugar la imagen de la empresa española. ¿Estamos aún a tiempo de reparar el desaguisado?