El revés y el derecho: Iñaki Azkuna

Esto es lo que le escribí a Juan Cruz, y acto seguido su respuesta, en la edición dominical de Diario de Avisos.

Adiós, alcalde, y gracias – Por Juan Manuel Bethencourt

Sobrecoge, querido Juan, la despedida del alcalde Iñaki Azkuna, regidor de Bilbao, fallecido el pasado jueves tras una larga batalla contra el cáncer: “Gracias a todos por haberme ayudado y soportado”. No, querido alcalde, gracias a ti. No se me ocurre otra respuesta, ya no de los propios vecinos de la capital vizcaína, sino del municipalismo español en su conjunto. La dimensión política y humana de Azkuna alcanza dimensión internacional, no en vano fue galardonado hace unos meses como el mejor alcalde del mundo, reconocido por una organización internacional que evalúa la gestión municipal en las urbes del planeta. Médico de profesión, Iñaki Azkuna fue un político nacionalista que hizo de su condición cosmopolita una herramienta para cambiar la faz de una ciudad sin dejar de respetar su esencia. Y eso es gobernar, querido amigo: partir del pasado para mejorar el presente y construir el futuro. Bajo su mandato, Bilbao experimentó la transformación que sólo un soñador indomable es capaz de hacer realidad. Su éxito fue, en primera instancia, tener una visión y ser capaz de comunicarla, de convencer por tanto a sus conciudadanos, de modo que fuera esa acción colectiva la generadora de un cambio que hoy está a la vista. Azkuna se definía como un vecino más, pero era mucho más que eso: era un agitador, porque no entendía otro modo de concebir la gestión, siempre adelante, siempre intentando mejorar, asumiendo riesgos. Fue, por otro lado, un gran hombre, una persona cercana y bondadosa, un verso suelto en el mejor sentido del término, porque, siendo como era uno de los baluartes del PNV, nunca se anduvo con medias tintas respecto a la violencia de ETA y sus secuaces totalitarios. Recuerdo ahora algunas conversaciones que tuve contigo respecto a su figura y su legado. Y recuerdo una cena con mi familia en su restaurante predilecto, La Viña, cuyo propietario, Abelardo García, me habló también sobre la grandeza cercana del alcalde Azkuna. Por cierto, creo que fue la mejor cena de mi vida.

Una persona muy especial – Por Juan Cruz

Quisiste llevarlo a La Laguna; no pudo ser, Juan Manuel. Y lamento muchísimo que no lo hayas conocido. Hay personas así en la vida y entre los que hacen política y servicio público. El jueves por la noche murió Iñaki Azkuna, el alcalde de Bilbao; transformó su ciudad, y la hizo como él, abierta, alegre y exigente; fue directo y simpático, sincero y comprometido. Hasta el último suspiro de su vida trabajó a favor de los demás, hizo de la amistad una bandera cordial y no dejó nunca de cumplir los dictados libres de su conciencia. Se despidió de sus amigos cuando estimó que su barco estaba partiendo. Una persona muy especial cuya vida pesa con un valor imponente. Quisiste saber de él, conocerlo, hacer que su experiencia fuera compartida por tus colegas y también por los ciudadanos de La Laguna. Ya sabes que la vida tiene estas pautas marcadas, y a él una mala salud le sobrevino muy pronto, en seguida que se murió su mujer, con la que, como decía, tanto discutió y a la que tanto quiso. El último sábado me llamó por teléfono, para despedirse. Jamás había tenido una llamada así; me habló del barco que se iba, de la vida más allá, del rape que íbamos a comernos en ese futuro nebuloso, como aquel rape que tú mismo comiste en el que fue su restaurante favorito, La Viña de Henao. Tenía un gran amor a la vida; jamás se dio por vencido, ni espiritualmente ni intelectualmente, aunque aquel cuerpo le mandaba las señales que finalmente ya la cegaron los días en la víspera de la primavera. Lo quise mucho, era un hombre verdaderamente excepcional, uno de mis mejores amigos, de esos en los que piensas cuando sabes que tu soledad puede tener una puerta abierta de salida.

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