El revés y el derecho: elecciones europeas

Esto es lo que escribí a Juan Cruz, y acto seguido su respuesta, en la edición dominical de Diario de Avisos del 18 de mayo de 2014.

Elecciones europeas y paridad – Por Juan Manuel Bethencourt

Estuve viendo, querido Juan, el debate europeo entre los candidatos del PP y el PSOE, que derivó en un previsible frontón que, en lugar de la ocasión para confrontar ideas, fue una especie de mitin a dos voces en el que Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano se alternaban en el uso de la palabra. Nada hay que reprochar a los aspirantes, que se midieron según las reglas previamente pactadas por sus equipos de campaña. Hay mucha mitología sobre el peso de los debates en el resultado de una contienda electoral, pero lo cierto es que su incidencia en el resultado es bajísima; tanto más en este caso, en unos comicios de limitado perfil.

Resulta llamativo que el mayor eco del debate haya venido a posteriori, con esas palabras condescendientes de Arias Cañete, quien, según su propia versión, no quiso demostrar su “superioridad intelectual” (sic) ante Valenciano para no parecer machista. Quizá el machismo anide precisamente en esa distinción, en la presunción de que no es posible un debate político entre un hombre y una mujer que se rebaten (y llegado el caso se despedazan) como lo que son, seres humanos no iguales, pero sí equiparables. La cosa no deja de ser un ardid de campaña, el intento del PP por vincular la campaña durante un par de días a esa superior cualificación académica de su candidato, en menoscabo de su principal oponente. Lo cierto es que en la España de hoy, y por fortuna, las mujeres obtienen mejores registros académicos que los hombres como norma general, lo cual, sin embargo, no se traduce en un reconocimiento equivalente; ni en la política, ni en la Universidad, ni en la empresa, tampoco en los medios de comunicación. Y cuanto más selecto el foro, más patente la ausencia de paridad no forzada, sino natural. De hecho, la semana que termina nos ha deparado la salida forzosa de dos figuras femeninas del periodismo impreso, las ya exdirectoras de Le Monde y The New York Times, Natalie Nougayrède y Jill Abramson, respectivamente. La primera de ellas, una periodista excepcional.

Mucho macho hombre – Por Juan Cruz

Un amigo inglés que venía a que yo le enseñara español decía, para definir al prototipo tópico de nuestro país, esta expresión que a todos nos hacía gracia: “Mucho macho hombre”. Pues sí, Cañete es mucho macho hombre, responde a ese prototipo tan extendido de machista que entre nosotros hizo furor en un tiempo y que ahora nos da tanto repelús. Lo que ha pasado con Cañete es que prolonga ese carácter desde un cargo (o un excargo) de servicio público; que un hombre así, con esas expresiones, haya desarrollado distintas representaciones oficiales en nombre del Gobierno de España (no es el Gobierno del Partido Popular, es el Gobierno de España) reclama una revisión de su propia candidatura, ahora que él se aproxima a hacer lo mismo en Europa. ¿Qué dirán por esos mundos en los que el machismo llama tanto la atención y da, repito, tanto repelús? Hace falta mucha didáctica y mucha pedagogía para limitar la presencia de personas que se expresan así en cargos de representación política. Europa se distingue por ser un continente que aspira a la excelencia en el respeto de los derechos de igualdad. El PP acabó con la asignatura de educación ciudadana, y mira por dónde es a ese político de ese partido a quien habría que darle lecciones intensivas del trato que merecen nuestros semejantes, mujeres y hombres. Miguel Arias Cañete despreció en el debate y después del debate a Elena Valenciano, pero no tan solo: despreció a los oyentes, pues habló con los textos preparados, como si en la vida parlamentaria esto pudiera ser lícito. Después de su discurso tan pulido, su compañera de candidatura Pilar del Castillo calificó lo que dijo Elena con estas palabras realmente despectivas: “[Fueron] palabras vacías que ocultan su fracaso”. Es una manera de atacar también, con la palabra fracaso por delante, a una mujer contrincante. A mi este suceso, Juan Manuel, me ha producido una enorme repugnancia; seguro que también le habrá ocurrido lo mismo a los hombres y las mujeres que comparten las siglas de Cañete.

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