La guerra por el gas

Artículo publicado el pasado 19 de marzo, miércoles, en Diario de Avisos.

No sin sorna, un amigo me comentaba ayer que en Rusia han tardado menos en anexionarse Crimea de lo que tardamos los ayuntamientos canarios en dar vía libre a una licencia de obra menor. Es lo que tiene la diplomacia de los hechos consumados: a largo plazo puede generar problemas irresolubles, pero a la corta es una cosa infalible. La secuencia ha sido más o menos la siguiente: primero, ocupación de espacios clave en la península de Crimea por parte de fuerzas armadas rusas que, gran novedad en la historia militar, no portaban distintivo alguno; segundo, convocatoria de un referéndum para promover el retorno a Rusia, con fechas que se van adelantando sucesivamente, hasta hacerse irreversible, sin censo electoral verificado ni, por supuesto, ese engorro llamado campaña electoral; tercero, celebración de la consulta, con el resultado previsible; cuarto, declaración oficial de la anexión en un clima de euforia nacionalista y recuperación de las esencias rusas de gran potencia, amamantadas durante siglos y con regímenes políticos de lo más diverso. Esto es lo que hay. ¿Y ahora qué? Pues muy poco va a poder hacer Estados Unidos, salvo las consabidas sanciones que, al estar localizadas en el ámbito personal, tienen muy poco efecto. Otra cosa es articular una guerra económica a gran escala, algo que efectivamente el mundo occidental puede hacer, aunque solamente produciría efectos a largo plazo; ahí está la Guerra Fría como experiencia con los mismos interlocutores. Ocurre sin embargo que en particular Europa anda muy mal pertrechada para afrontar el actual desafío del zar Putin. Un tercio del gas natural que consume la UE viene de Rusia, y ese porcentaje es más elevado en el caso de Polonia, Chequia, Hungría, incluso de Alemania. ¿Vamos a decirles desde España que pasen frío en invierno porque nosotros el gas natural lo compramos en Argelia? Ahora mismo es imposible que la Unión Europea se ponga de acuerdo sobre este asunto, y bien que lo saben los polacos -la experiencia histórica de éstos con Rusia es, digámoslo así, no muy buena-, que trabajan con denuedo por su propia independencia energética fomentando la búsqueda de recursos propios a través del fracking, técnica controvertida que gana apoyos gracias a la geopolítica mundial. La nueva guerra de bloques responde a la dinámica por el control de los hidrocarburos, y su eje ya no está en Oriente Medio, sino en otras latitudes: Asia Central, Brasil y, sí, también la cornisa occidental africana. Lo que ocurre con Crimea nos puede terminar afectando. Mientras tanto, nadie podrá robarle a Putin estos días de gloria. Como dice la primera ley de Robert McNamara sobre la política, la racionalidad no va a salvarnos.

El revés y el derecho: Iglesia y ejemplo

Esto es lo que me escribió Juan Cruz, y seguidamente mi respuesta, en la edición dominical de Diario de Avisos del pasado 16 de marzo.

La Iglesia y los otros – Por Juan Cruz

Ignoro si eres religioso, católico o no, y no te lo voy a preguntar, querido Juan Manuel. Nunca tuve interés en indagar sobre esas intimidades de la gente, pero te adelanto que desde adolescente algo debió suceder que me alejó por completo de la religión pero no de los religiosos. Tengo un enorme afecto por muchos de los que he conocido, sobre todo en los tiempos de la iglesia católica más o menos revolucionaria del Madrid de los años ochenta, cuando los sacerdotes afianzaban su compromiso público por la democracia y por el acercamiento a la sociedad en sus estamentos más humildes. Fui amigo del que luego sería obispo de Las Palmas, monseñor Echarren, y frecuenté mucho al cura Iniesta, que era un obispo muy especial. Fui también cercano al jesuita Díez Alegría, al que conocí en Tenerife, en casa de un doctor pariente suyo, el médico Bueno, que además era buenísimo. Ahora sigo con mucho interés las novedades que ha aportado a la actitud de la Iglesia el papa actual, Francisco. Leí el otro día una crónica excelente de mi compañero Francisco Peregil, desde Buenos Aires, en la que un grupo de amigos de siempre del pontífice expresaba de manera sencilla y honda de qué manera aquel sacerdote se comportaba en tiempos de menor compromiso público, y hasta qué punto la alegría y el humor siempre formaron parte de la sencillez de la amistad que compartieron. Ignoro si este papa hará que algunos dogmas, que no fueron dictados por Jesucristo sino por la jerarquía, se reformen y queden obsoletos; pero hay algo de su actitud que ha sido un aire fresco en ese devenir a veces tan sombrío de la Iglesia, representada aquí, por cierto, por un cardenal bien sombrío, el hosco cardenal Rouco. Creo que la sencillez de Francisco, que lleva un año en el pontificado, no sólo tiene efecto sobre los católicos, sino que llama la atención contra tanta solemnidad vacía como la que gobierna religiones, sectas, empresas, personas y entidades. ¿No te parece? Como decía mi madre, una sencillez es muy bonita.

El liderazgo jesuita – Por Juan Manuel Bethencourt

Tampoco me sorprende, querido Juan, el torrente de elogios recibidos por el papa Francisco en su aún breve mandato sobre la Iglesia católica, de la que, por cierto, soy miembro. Estamos no ante un revolucionario, sino ante un reformista, un reformista al estilo jesuita. Ya resulta novedosa su condición, al tratarse del primer integrante de la Compañía de Jesús que alcanza el obispado de Roma, algo que puede entenderse como una anomalía dado el papel, muchas veces incómodo a ojos de la curia, desempeñado por una institución con siglos de experiencia en el ámbito de la educación en los cinco continentes. Ahí citas, con acierto, el ejemplo del cura Díez Alegría. El liderazgo al estilo jesuita se resume, entiendo, en cuatro principios: todos somos líderes y dirigimos todo el tiempo, bien o mal; el liderazgo nace de adentro, determina quién soy y cómo lo hago; el liderazgo no es un acto, es una vida, una manera de vivir; y, finalmente, es una tarea que no termina nunca, se trata de un proceso continuo. La aportación de Francisco es recoger este legado, y ejemplos tiene de sobra, comenzando por el que será segundo santo canario, el también jesuita y lagunero José de Anchieta, que el papa conoce a la perfección. La osadía de Francisco, su modo de cultivar el concepto tan jesuítico del magis, del ir a más, contrasta en efecto con aquellos que, como el cardenal Rouco, contemplan la evolución de nuestra sociedad con temor y optan por el inmovilismo. Sé que Francisco cambiará cosas en el devenir de la Iglesia, y sé también que decepcionará a aquellos que quieren un Papa ateo, pues esa contradicción pende latente de tantos elogios. Aprecio, finalmente, su perenne sonrisa, que con frecuencia deviene en limpia carcajada. Desde hace años pienso que en las altas esferas de este mundo, desde la política a la economía pasando por el liderazgo religioso, falta sentido del humor en la misma medida que sobra frivolidad. He aquí un líder capaz de sentir, sufrir y reír. Verdad, amor y simplicidad, querido Juan.

Cuidado con Francia

Artículo publicado el pasado 13 de marzo, jueves, en Diario de Avisos.

Cuando se observan los fenómenos políticos extremistas dentro del territorio de la Unión Europea se alza, a modo de paradoja, el ejemplo de Francia. Claro que en el Reino Unido anida un poderoso sentimiento de recelo hacia el continente, alimentado por sus medios de comunicación más chabacanos y populistas. Sabido es que en el norte de Italia se mantiene pujante un magma de xenofobia interior que concibe a sus compatriotas del sur del país como ladrones y mafiosos, y que, claro está, si recela de lo cercano lo hace aún más de lo lejano. Cierto es que en los Estados del Benelux se ha producido un estallido de resentimiento acorde con la instalación en un territorio relativamente exiguo de población foránea de costumbres ajenas, por lo general demandante de servicios sociales y por tanto fácilmente etiquetada como dependiente y holgazana. Y, en fin, se sabe que el fascismo permanece vivo en sectores concretos de la sociedad de Grecia, que acaso no hizo la terapia sociológica conveniente tras décadas de dictadura militar. Curiosamente ha sido España, un país perfectamente asociado con la brutalidad hacia el extranjero desde tiempo inmemorial, uno de los mejores alumnos de la tolerancia dentro de las fronteras del Viejo Continente, aunque nunca puede confiarse uno respecto a los propios prejuicios y el veneno tóxico que destilan. Pero, ¿y Francia? La república hexagonal se nos aparece con un mensaje oficial y una realidad bien diferente. A priori es el campeón de los derechos ciudadanos, el defensor de la laicidad, de hecho exhibe el orgullo de su propia condición multicolor, el país que ganó un Mundial de fútbol con una alineación plagada de magrebíes (Zidane), caribeños (Thuram), africanos (Vieira), caucásicos (Djorkaeff), con algún rubio galo colado en papel secundario. No obstante, es obligado recordar que es también el primer Estado de la Unión Europea que ha tenido (y tiene) un partido político de ultraderecha con cierta implantación social, competitivo en elecciones municipales. Si el Frente Nacional no llegó más lejos fue por el corte presidencialista del sistema electoral francés, que sólo hace sitio a un partido de derechas, el gaullista que encarnaron Giscard, Chirac y en última instancia Sarkozy. Esto, mucho ojo, puede cambiar, pues el desplome del conservadurismo mayoritario, patente desde la derrota de Sarkozy en las presidenciales de 2012, está abriendo las puertas a opciones más inquietantes para un país que es mucho más conservador de lo que quiere reconocer o lo que se observa por el turista en los bulevares de París. ¿Es imposible que Marine Le Pen sea la próxima presidenta de Francia? No, ya no lo es, y habrá que preguntarse qué ha hecho mal la política moderada para abrir la puerta a esa opción.

El día de la fractura

Artículo publicado el pasado 12 de marzo, miércoles, en Diario de Avisos.

El día de la mayor tragedia de nuestra democracia, la matanza terrorista del 11 de marzo de 2004 en Madrid, fue también el germen de la mayor fractura experimentada por nuestra Historia reciente. Con el paso del tiempo, y ayer se cumplieron 10 años de aquello, tendemos a sacralizar los momentos, también a idealizarlos. El expresidente Rodríguez Zapatero lo hizo hace unos días, en una interesante entrevista con motivo de la efeméride. Beneficiario directo de la conmoción provocada por el desastre, aunque nunca lo ha admitido siquiera implícitamente, Zapatero pronuncia ahora palabras cargadas de prudencia, y se lo puede permitir, porque también en aquella hora funesta se manejó con indudable responsabilidad, aspecto que le diferencia de José María Aznar y su grosero manejo de un acontecimiento tan luctuoso. Como es sabido, el ardid salió al revés al confirmarse que los autores del atentado en los trenes no tenían nada que ver con ETA, sino con el terrorismo yihadista. Y aquel hecho, coincidente con la guerra de Irak y la presencia de Aznar en la foto de las Azores, fue determinante a la hora de visualizar la eventual responsabilidad política de lo ocurrido. Ahora se sabe, claro está, que la masacre se hubiera producido aun sin elecciones, y seguramente sin el apoyo que el Gobierno español prestó a la aventura bélica de Bush & Blair. Así que, 10 años más tarde, deberíamos superar de una vez la teoría del terrorista favorito, que durante una década ha envenenado el debate político español, como si el PP fuera responsable del atentado islamista, porque lo hubiera sido el PSOE en el caso de autoría etarra. Esta fractura entre demócratas, tendente a responsabilizar al adversario político de una masacre semejante y rentabilizarlo electoralmente, es sin duda la peor página de nuestro expediente democrático reciente. Recuerdo aquellos días como agónicos, por la ingente tarea que supuso afrontar el hecho noticioso incluso desde una humilde redacción de provincias, ni más ni menos que la de este periódico. Hicimos un buen trabajo, que hoy agradezco a todos los que compartimos horas de esfuerzo sazonadas por el espanto que producían los hechos relatados. Pero sobre todo recuerdo la tristeza del sábado 13 por la tarde, cuando, tras las detenciones en Lavapiés, el país entero se vio movido por una convulsión política que desmentía la unidad expresada en la calle durante las manifestaciones del día anterior. El turbio aroma del reproche acompañó aquellos días trágicos, primero en un sentido, luego en otro, así hasta la cita de las urnas el domingo 14. Nunca, nunca más una fractura entre demócratas a cuenta del sufrimiento de todo un país. A ver si lo aprendemos de una vez.

Un partido ‘normal’

Artículo publicado el pasado 11 de marzo, martes, en Diario de Avisos.

Admito que me entristece un poco contemplar los acontecimientos recientes en el Partido Popular del País Vasco. Durante años, ha sido, y con plena justificación, un símbolo de resistencia democrática al totalitarismo representado por ETA y sus portavoces políticos. También lo fueron los socialistas de Euskadi, por supuesto, igualmente diezmados por la lacra terrorista en sus siniestros estertores finales. Los del PP fueron capaces, no obstante, de otorgar a su acción política un halo especial, un sentido histórico, la certeza de que había una misión capaz de justificar la, como mínimo, incomodidad de llevar escolta todo el día y sufrir el miedo en carne propia sólo por hacer política en una democracia europea consolidada. Recuerdo haber ofrecido a María San Gil, hablo de hace más de una década, mi DNI para figurar en una lista municipal del PP vasco, uno que entonces ni estaba en política ni se planteaba iniciativa alguna al respecto. Pero era como un gesto simbólico o simplemente el cumplimiento de un deber cívico, por anónimo que fuera, porque a tres horas en avión había gente que se jugaba el bigote a diario y en esas condiciones no había forma de completar una lista electoral. Aquellos años de plomo pasaron, la democracia ha derrotado al terrorismo, por muchos fallos que podamos encontrar a un desenlace en el cual los violentos pretenden reescribir la historia y perdonarse ellos mismos en el primer capítulo. Ya es curioso, pero fue esta circunstancia, la lectura del fin de ETA, la que sembró la discordia en las filas populares, qué triste moraleja, y desde entonces hemos asistido a un rosario de acusaciones veladas, como si el sufrimiento diera carta de naturaleza para dictar verdades absolutas, que nunca existen en la vida y tampoco en la política. Esta crisis larvada ha dejado al PP vasco muy diezmado, menos preparado para la tarea que todo partido tiene en el manejo de la normalidad democrática. El último desencuentro llama la atención precisamente por eso, por su falta total de aura. Ya no hay épica en esta batalla interna, simplemente Arantza Quiroga, la nueva líder, quiere a alguien de su confianza como lugarteniente y por eso desplaza a Iñaki Oyarzábal, asociado con la anterior dirección. El otro día vi en Antena 3 la incomodidad de éste y de otro joven dirigente, Borja Sémper, a la hora de explicar ante las cámaras tanto revuelo con tan poco sustento. El PP de Euskadi es, admitámoslo, un partido normal en el que la discrepancia interna se explica de mala manera porque tiene mucho que ver con afinidades personales y muy poco con las convicciones políticas. Pero tampoco se les puede reprochar nada por ello.

Un domingo perfecto

Mi comentario de hoy, lunes, 24 de marzo, en Radio Marca Tenerife.

Tenerife vivió ayer, en el plano deportivo, un domingo perfecto. Tengo que añadir, y esto es una licencia personal, que cerró la fiesta el clásico del fútbol español, ese Real Madrid-Barcelona resuelto en clave blaugrana, aunque en este caso cada cual tira por su lado y es un asunto que prefiero comentar mañana. Además, las victorias del Iberostar Tenerife, a mediodía, y del CD Tenerife, a primera hora de la tarde, dan para mucho. El triunfo aurinegro en el derbi canario de la Liga Endesa puede ser definido como el primer milagro del Santo Padre Anchieta. Con 17 puntos abajo en el tercer cuarto, admito haber comentado a mi hija mayor, sentada a mi lado en el Pabellón, estas dos estúpidas palabras: se acabó. Pero lo que se acabó fue el acierto en el lanzamiento exterior del Gran Canaria, que, empachado en su propia suficiencia, concedió una última oportunidad al equipo de Alejandro Martínez. Y ahí entra el mérito, inmenso, de los nuestros: esta vez el Canarias tuvo fe, defendió con el alma, dado que las piernas ya flaqueaban por el desgaste del partido y la escasa rotación del grupo, esta vez limitado por las ausencias de Saúl Blanco y Jaime Heras. Entonces apareció Nicolás Richotti, quien asumió los galones no de líder, sino de héroe. Richotti contra el mundo, ese podría ser el titular del último cuarto, en el que el escolta argentino se mostró imparable, con canastas de todas las facturas, en penetración con escorzo, saliendo de bloqueo, desde larga distancia, todo lo que un jugador de carácter es capaz de hacer cuando la bola quema en las manos. Ayudado, eso sí, por el desplome grancanario en ataque, el Iberostar fue capaz de asegurar el rebote defensivo, con Luke Sikma en papel destacado en esta faceta, y obtener así una victoria muy necesaria, realmente valiosa tras una sucesión de sinsabores consecutivos. Es el mejor preludio para la llegada de dos refuerzos de postín como English y Kickert, que van a reforzar la competitividad del conjunto lagunero en el tramo final de la temporada, sea para garantizar una cómoda permanencia o incluso para mantener vivo el sueño de los play-offs. Este anglicismo perfectamente prescindible, play-off, fue generosamente utilizado unas horas más tarde, esta vez en el Heliodoro, porque el Tenerife ofreció a su parroquia una tarde fabulosa, con espectáculo y goles, con otro salto adelante en la clasificación, porque el equipo blanquiazul está, a once jornadas del final de la Liga, dentro de la pelea por la fase de ascenso a Primera División. La Ponferradina fue un juguete en manos de un Tenerife desatado, de nuevo liderado por Ayoze Pérez, que añadió una muesca más a su efervescente carrera con su primer triplete como futbolista profesional. Tres goles de muy diferente registro, pues lo mejor del pibe de María Jiménez es la variedad de su repertorio. Uno culminando un contraataque vertiginoso a pase, una vez más, de Suso Santana; el segundo, una pillería en el segundo palo a la salida de un córner muy cerrado; el tercero, un arabesco con el que dejó atrás a dos rivales para sentenciar raso y duro. En una tarde canaria por los cuatro costados, Aridane Santana marcó el tercero, y fue Edgar, el purasangre de Arafo, quien puso la rúbrica con un golazo por la escuadra en el último minuto del partido. De nuevo fue Suso el estilete infatigable por la banda derecha, lo cual ya no es novedad en los partidos del estadio, y si no ocurre fuera de casa es por el empeño del entrenador, muy aficionado a las rotaciones en función del estadio y el rival. Pero ha llegado el momento de disputar los encuentros restantes con el mejor once posible. El próximo duelo, en un escenario fascinante, Riazor. Vaya partidazo.

Un modelo de municipio

Artículo publicado el pasado día 6, jueves, en Diario de Avisos.

El acuerdo adoptado ayer por el pleno lagunero, en respuesta a las 2.670 alegaciones presentadas al documento del nuevo Plan General de Ordenación, tiene respuesta afirmativa en el 54% de las sugerencias presentadas por vecinos y propietarios del municipio. Es un porcentaje elevado, guiado por principios de legalidad, en primera instancia, pero también de respeto a la participación como hilo conductor de todo el proceso. Hablamos, desde el inicio del proceso en 2008, de más de 16.000 aportaciones. Esta respuesta a las alegaciones incorpora el resultado del diálogo con los colectivos ciudadanos, aglutinados en plataformas, asociaciones de vecinos y grupos de vecinos a título particular. Hoy quiero expresar mi sincero agradecimiento a todos, porque esto que hemos hecho es fomentar la cultura de la participación, un método que en La Laguna se aborda, y se aborda en serio, desde la convicción. Unos y otros han contribuido a definir y mejorar un documento que, además, recoge aquellos principios demandados por los ciudadanos en la fase de consulta, y que básicamente tienen que ver con la obtención de nuevos equipamientos públicos en nuestros pueblos y barrios. Estos objetivos se mantienen en este punto del proceso. La Laguna, por su diversidad, es probablemente el municipio canario con mayor incidencia de otras administraciones a la hora de emitir su parecer sobre las herramientas de ordenación (17 informes). Ese esfuerzo conjunto busca fijar un modelo de municipio. Y el esquema de ordenación de La Laguna se define a partir de decisiones como la adoptada ayer, junto con otras ya tomadas y algunas que están por venir. La Laguna se posiciona claramente en la definición de un modelo de ciudad y de municipio, eso que todas las administraciones buscan cuando plantean herramientas de ordenación y no siempre encuentran. Al inicio de este camino, que es un proceso dinámico, no dictado desde arriba, se acuñó un principio: más ciudad en la ciudad y más campo en el campo. La respuesta a las alegaciones no sólo se ajusta, sino que afianza ese modelo, y los números lo demuestran, con 400 hectáreas más de suelo rústico agrario respecto al documento de aprobación inicial. Esto apunta a un municipio que quiere más calidad, más flexibilidad, mejores equipamientos y más oportunidades económicas en los espacios urbanizados; al mismo tiempo, reconoce su suelo rústico, agrario y de otra naturaleza, como un valor intrínseco a preservar, de contenido económico, ambiental, social y cultural. Y lo mejor de todo es que esto se está construyendo de abajo hacia arriba, los políticos y técnicos juegan obviamente un papel relevante, pero es la sociedad lagunera la que está haciendo suyo ese discurso.

El revés y el derecho: el carisma, cara y cruz

Esto es lo que le escribí a Juan Cruz, y acto seguido su respuesta, en la edición dominical de Diario de Avisos.

Los riesgos del carisma – Por Juan Manuel Bethencourt

No hay nada más peligroso que suceder a un carismático. Estos personajes son poco convencionales y su gobierno es de estilo personal y está marcado por el desvarío de sus personalidades. Con frecuencia dejan caos tras de sí. La persona que le sigue encuentra un desastre que, sin embargo, la gente no ve. Han perdido a su inspirador y culpan a su sucesor”. Esta reflexión, querido Juan, corresponde a Robert Greene, un ensayista que hace década y media hizo cierta fortuna literaria como teórico del poder en sus diferentes manifestaciones. Cae ahora en mis manos en uno de esos procesos de relectura ocasional que bien conoces, y me conduce directamente a Venezuela, país hermano que vive en la actualidad una situación, efectivamente, caótica. Me lo dijo hace dos años un amigo canario-venezolano confiscado por el anterior mandatario: “¿Hugo Chávez? Nos ha hecho mucho daño, a mi familia le ha quitado todo, el trabajo de mi padre durante décadas, pero le reconozco su talento. Si gana las elecciones es por algo. Me preocupa el futuro, lo que viene detrás, porque es mucho peor”. Nicolás Maduro, el sucesor del carismático militar-presidente, intenta aplicar la misma épica de la resistencia en un país donde el descontento se dispara por la escasez lacerante de bienes básicos. Y lo hace de un modo tan chabacano que ha despertado a la calle, a su vez azuzada por otro carismático de nuevo cuño, pero este de orientación política opuesta. La detención de Leopoldo López supone el encumbramiento como estrella de este alcalde joven y de óptimas credenciales -economista de Harvard, deportista, excelente orador- para consolidarse como gran amenaza opositora al régimen que torpemente trata de sostener el chavismo sin Chávez. Tengo que añadir, no obstante, que me rechina el estilo redentorista del carismático López. Una gran colisión, que no transición, entre pasado y futuro está a punto de producirse en las calles de las ciudades venezolanas. Y las impresiones que tengo no son buenas.

Es mejor que no haya – Por Juan Cruz

Ya sabes lo que pienso de la exacerbación de las patrias; la ultraderecha las quiere para ellos. Ya ves a los Le Pain en Francia, a Berlusconi y a los suyos en Italia, a los ultraderechistas del mundo, que quieren poner pinchos en sus fronteras para que se hieran los débiles que tocan a la puerta. A ese concepto ultraderechista de la patria como elemento vertebrador de la reacción internacional contra los seres humanos que nacieron fuera de sus fronteras y aspiran a integrarse en sociedades más interesantes para su porvenir que aquellos lugares de miseria de donde proviene, se junta ahora, como se juntó siempre, la figura del líder carismático. Ocurre en ese ámbito del racismo y la xenofobia y se da también en otras zonas de la vida de los países. Hitler fue un líder carismático, que actuó contra la raza judía levantando una bandera cuya defensa se hizo a base de matanzas horribles. Franco fue un líder carismático que los suyos siguieron por el carisma que para ellos representaba, aunque muchos se burlaban (y nos burlábamos) de los aspectos más débiles de su personalidad repulsiva. En la época de Franco se dibujaba la figura de un carisma, el de Fraga, que explotó hasta la parodia las facultades que él creía que le iban a dar satisfacciones en la era democrática. Y tuvo que irse a Galicia, porque era un cacique que allí podía mostrar intacto el carisma que sólo se alimenta en sociedades cerradas y agrícolas. Luego tuvimos a Aznar, en la época democrática; sus errores se juntaron a su ansiedad de carisma. Le dijo a Pedro J, según contó Pedro J, tras el atentado que ETA perpetró contra él: “¿Y ahora qué, al fin tengo carisma?”. El mejor carisma es el que no existe. En nombre del carisma se cometen errores que a veces ponen en peligro la convivencia de los pueblos. Y sí, esos ejemplos que pones están muy bien puestos. Lo que pasa es que hay gente que no pierde la ocasión de decir que el carisma es el aura de los héroes. Y no son héroes, son fantoches en busca de carisma.

El revés y el derecho: la amistad

Esto es lo que me escribió Juan Cruz, y seguidamente mi respuesta, en la edición dominical de Diario de Avisos del pasado día 2.


Un amigo – Por Juan Cruz

El aire de Los Cristianos es benéfico. Como el salitre, la arena suave, las noches. Una de esas noches, hace mil años, en mi adolescencia, un ataque de asma, de los numerosos que me afectaban entonces y que aún ahora siguen amenazando cada vez que se tuercen el tiempo o el ánimo, ocurrió allí, en medio de ese aire benéfico de Los Cristianos. Y ni el flujo de esa extraordinaria atmósfera que combina el mar en la noche pudo sacarme de ese torbellino de respiraciones que convierten en agonía el arte de respirar. Jamás me he podido olvidar de esa noche ni de la persona que me acompañó mientras se iba produciendo ese trance que parecía eterno, inacabable, terrible. Esa persona era un amigo, Carlos Tomás Pérez Méndez, acaba de morir. Él y su hermano Juan Antonio, y sus padres, doña Isabel y don Antonio (Antonino), me acogieron algunos veranos en su casa de la avenida de Suecia. Por amistad, no había otra circunstancia, ni familiar ni de otro tipo, sólo por amistad me invitaron a estar con ellos. Aquella fue una de las muchas noches que viví allí, respirando el aire benéfico de Los Cristianos que se me torció esa noche. Como si él intuyera que yo vivía un trance peligroso que requería compañía, Carlos Tomás se quedó en la azotea, a mi lado, silencioso, yendo de acá para allá, esperando que pasara el ahogo. Y mientras éste duró yo sentí su respiración como un apoyo de la mía. Luego han pasado los años y las noches, y durante toda mi vida he sentido gratitud hacia esa familia, porque aquellos días, aquellas semanas y aquel tiempo, su cercanía fue un poderoso apoyo para seguir andando en un mundo que con frecuencia necesita tanto el latido de la amistad como el latido del aire. Ahora que él ha muerto, querido Juan Manuel, quisiera que compartieras conmigo este tributo de amistad y de gratitud.

Nunca piden nada y siempre dan – Por Juan Manuel Bethencourt

Me ha conmovido, querido Juan, ese homenaje a tu amigo Carlos Tomás, recientemente fallecido, tu auxilio de aquella noche seguramente interminable en una azotea de Los Cristianos. Es lo que lo hacen los amigos, estar cuando se les necesita. Un antiguo proverbio dice que la vida de un hombre está incompleta a menos que, o hasta que, haya probado el amor, la pobreza y la guerra. Esto en realidad lo escribió en 2004 Christopher Hitchens, acaso el mejor periodista británico de último medio siglo, y un escritor gigantesco de quien sólo tuve noticias hace poco, meses antes de su fallecimiento. Luego descubrí que habías escrito mucho y bien sobre Hitchens, aunque nunca lo habíamos comentado, y quiero añadir hoy que el incansable polemista debió incluir a la amistad como un cuarto y raro elemento capaz de definir el carácter de todo ser humano. Porque si el amor es una piedra preciosa que, cuando aparece, es necesario pulir cada día, la amistad está hecha de una aleación sutil, un metal resistente y sin embargo flexible, liviano cuando debe serlo, desprendido siempre. Puedo considerarme afortunado al respecto, y viene al caso recordarlo en un día como hoy, asociado con el jolgorio anual de nuestro Carnaval y el recuerdo de una pandilla de amigos, la mía, que entre el baloncesto y la Universidad configuró un vínculo alegre, sincero y duradero. Manuel Luis Hernández, que creo que es mi mejor amigo desde hace casi dos décadas y media, es un tipo con el que a veces hablo poco, porque la vida y las ocupaciones conducen a cada cual por vericuetos diversos. No obstante somos capaces de retomar la charla con idéntica familiaridad, pues sabemos que en cualquier caso hay que cumplir con esa sencilla estrofa de Soy un corazón tendido al sol, la maravillosa canción de Víctor Manuel: “Aunque soy un pobre diablo sé dos o tres cosas nada más; sé quiénes son amigos de verdad, nunca piden nada y siempre dan”. Un abrazo, buen amigo, y mis condolencias por esa pérdida irreparable.

Cotizaciones

Artículo publicado el pasado día 7, viernes, en Diario de Avisos.

Dos años más tarde, el Gobierno de Mariano Rajoy ha adoptado una medida de política económica que francamente se hacía esperar. Es la rebaja de las cotizaciones sociales para nuevos empleados, tendente a impulsar la contratación en términos más asequibles para el empleador, es decir, a hacer más competitivo el trabajo y no por la vía utilizada hasta la fecha, la rebaja de salarios como condena y su consecuencia, la deflación, que lo único que hace es engordar el déficit público y privado. En este aspecto hay que decir que el Ejecutivo estatal del PP se mueve en términos contradictorios -anuncia rebajas de cotizaciones, pero también le sube la factura a los autónomos-, y sería bueno que se aclarara, que apostara de una vez por las pequeñas empresas y los nuevos emprendedores, que son quienes crean empleo en este país. Una política económica centrada en lo que pidan las grandes corporaciones, las empresas del Ibex-35 y las entidades financieras -Repsol, Bankia, ustedes saben de lo que estamos hablando-, no nos va a sacar de la crisis ni supone repartir de modo equitativo la pesada mochila de esta gran recesión. Insisto, democratizar el mercado, hacerlo más transparente, es el camino no sólo de la recuperación, sino de la credibilidad para nuestro capitalismo, que se ha dejado muchos jirones en intereses creados con mando y plaza en el BOE. Lo que necesita España es lo contrario, más acceso a las oportunidades, recuperar el concepto de equidad, que da sustento a todo el edificio no sólo económico, sino también democrático. Eso incluye, por cierto, una reforma fiscal capaz de recaudar más sin lastrar siempre a los mismos, es decir, a las rentas del trabajador. Más base imponible y menos deducciones producto de los grupos de presión organizados y con influencia en la política española. ¿Y en Canarias? Hay una medida que figura en la agenda de nuestro Régimen Económico y Fiscal, ese que estamos reformando para impulsar la creación de empleo en el Archipiélago. Es la bonificación del 50% en las cuotas de la Seguridad Social para los trabajadores residentes en las Islas, tal y como se hace, por ejemplo, en Ceuta y Melilla. Es una medida de impulso de la demanda de primer orden, pues hace más competitivo el empleo sin perder poder adquisitivo, que ya tenemos en Canarias los salarios más bajos de media de todo el territorio español. Y además es una medida perfectamente asumible por la caja única de la Seguridad Social, de la cual, por cierto, Canarias es un contribuyente neto gracias a su pirámide poblacional. Es un asunto crucial que merece un consenso político y social firme.